DESDE EL 7 de julio, La Primera abre su matinal con un directo de los encierros de San Fermín. Varias cámaras distribuidas por el trayecto muestran el trote de las bestias y a los mozos participando de la carrera. El comentarista Javier Solano se encarga de poner voz a esos pocos minutos, de tres a cinco. Los encierros pamplonicas no gustan a los protectores de animales y tienen razones de peso para ello. Ver cómo varean a una torada para que cientos de mozos se pongan a tiro de sus astas tiene más de espectáculo primario que de atractivo turístico, por mucho que Pamplona no parezca dispuesta a renunciar a una de sus señas de identidad internacional. La culpa, sin duda, de un tal Hemingway¿ Podría entenderse que La Primera ceda a la presión del tópico y acepte el juego de los encierros porque los taurófilos se cuentan por miles, pero que les ceda hasta media hora de espacio para ver repetir la carrera dos veces más, de nuevo con la voz de Solano, y salpicada de varios anuncios de espárragos, quesos e ibéricos de Navarra, suena más a exceso que a servicio público. Por si no bastara, los telediarios del día tampoco les ignoran. Es poco edificante ver a toros azuzados por cientos de corredores, mientras aquellos reparten cornadas, puntazos y contusiones a diestro y siniestro. Menos mal que acaban hoy.