El nuevo documental del famoso realizador estadounidense se centra en la etapa de 1961 a 1966, en la que Dylan consigue el meteórico ascenso hacia el éxito
14 sep 2005 . Actualizado a las 07:00 h.«La verdad es que yo no tenía ambiciones de ningún tipo», asegura Bob Dylan al comienzo de No direction home . Con el testimonio del músico comienza el nuevo documental de Martin Scorsese, que investiga los primeros años de su carrera y que estará disponible en Estados Unidos como DVD doble a partir del 20 de septiembre. En tres horas y media, No direction home narra el meteórico ascenso de Dylan hasta llegar a lo que él asegura fue una notoriedad no buscada. Las herramientas que usa Scorsese son entrevistas con el propio músico y con admiradores y detractores de su generación, además del archivo personal del cantante con fotografías, películas, grabaciones y manuscritos, al cual le dejó acceder. Más largo que la mayoría de las biografías documentales que cubren una vida entera, el filme de Scorsese se focaliza principalmente en los seis años (1961-66) que vieron cómo Dylan llegaba a Nueva York como un baladista del interior de Estados Unidos que debió reinventarse primero como un héroe folk de Greenwhich Village, y luego como un roquero con guitarra eléctrica al hombro. Completando algunos espacios en blanco que quedaron de la autobiografía Crónicas: Volumen 1 publicada el año pasado, el filme muestra a Dylan, de 64 años, dando su testimonio sobre los eventos y colocando su trabajo en un contexto musical e histórico. El sonido incluye pedazos de la primer grabación de Dylan, When I got troubles , realizada en 1959 por un amigo de la escuela secundaria en Hibbing, Minnesota. En las entrevistas, Dylan habla sobre sus primeras influencias, escuchando a Muddy Waters y Johnny Ray. «Lo que me atrapó fue el sonido», dice. «No era quién tocaba... Era el sonido». Al llegar a Nueva York en 1961, Dylan se formó como activista social y cayó en un floreciente Greenwich Village, escenario de cantantes de café y de poetas de la generación beat . «Sentí que encajaba perfecto entre esa gente», recuerda. Los propios recuerdos de Dylan se contrastan con entrevistas -pasadas y del presente- de otras luminarias como Joan Báez, Allen Ginsberg y Pete Seeger. El retrato colectivo es el de un joven cantante con la humildad de aceptar a sus mentores y beber de todas las influencias, y a su vez la arrogancia y confianza para rechazarlas y avanzar en su propio camino individual. Uno de los aspectos ignorados en Crónicas pero al que el documental otorga una relevancia sustancial es la célebre transformación de su sonido de acústico en eléctrico, que provocó la ira de muchos de sus fans más leales. La voz de Scorsese permanece muda todo el filme, que no contiene narración y ?las primeras críticas desbordan alabanzas. La Rolling Stone lo considera «una electrizante versión de una vida sin precedentes» y la revista Variety asegura que el documental será un «triunfo». Al menos mostrará al Dylan más auténtico desde los ojos de uno de los mejores realizadores de Hollywood de los últimos años.