La historia más larga jamás contada

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Capítulo/Semana XLI En que el cautivo continúa la narración de su peripecia por tercera semana consecutiva, sin que consiga doblegar la implacable voluntad de resumen del cronista

09 oct 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

Los cristianos cautivos ya han pagado sus rescates con el dinero de Zoraida y han quedado libres, mientras que su cómplice, el renegado, con el mismo dinero, se ha comprado una flamante embarcación. Para pasar inadvertido, comenzó el nuevo marino a navegar por la costa hasta el puerto de Sergel, donde se trafica con higos pasos, y fondeaba frente a la casa de verano de la secreta armadora. Entre tanto, nuestro cautivo se cuela en el jardín de su futuro suegro, el confiado Agi Morato, con la disculpa de recoger algunas hierbas para hacerse una ensalada (sic)*. Al tiempo saltan al huerto unos turcos que van a la fruta, y el padre de Zoraida se apresura a espantarlos, ocasión que aprovecha el cautivo para comunicar la fecha de la partida hacia costas españolas. Dado que la fuerza motriz de la embarcación era humana y que la naturaleza de dicha fuerza era islámica (vamos, que remaban los moros), hubo el cautivo de buscar cristianos que quisieran huir y remar, y consiguió una docena, que parecían el equipo de traineras de Cangas de Morrazo. El día D se encontraron todos al anochecer en la playa frente al chalé de Zoraida, y estando el barco fondeado, lo abordaron y apresaron a los moros y los amordazaron. Luego algunos de los hombres acompañaron al cautivo para recoger a la joven, que se había vestido con sus mejores galas, y engalanado con sus mejores joyas, y se traía, como equipaje de mano, un cofre repleto de monedas de oro. Pero como los españoles es sabido que son muy ruidosos, despertaron al moro Morato, que comenzó a dar voces, por lo que fue atado, amordazado y conducido junto a ellos al barco, donde se le confinó con el resto de los moros. No obstante, tras unas horas de navegación un poco caótica, los presos fueron abandonados en una playa desierta de la parte de Orán llamada Cava Rumía, que quiere decir «mala mujer cristiana» (¡huy, yo ya sÉ quién es!). A partir de allí, remaron mar adentro ya con ritmo de regata, y se levantó el viento, de manera que izaron la vela, y pronto tuvieron a la vista las costas andaluzas, pero con tan mala suerte que fueron abordados por unos corsarios franceses, que les hundieron la embarcación mientras el renegado tiraba el cofre al mar. Pero, hecho el mal, parece que los gabachos quisieron compensarlo, porque los metieron en un esquife, y de esta manera llegaron a la costa en medio de la noche. A la mañana siguiente fueron encontrados y conducidos a Vélez Málaga, donde se recuperaron de sus privaciones y se dispersaron. Y así fue como el cautivo, acompañado de Zoraida, llegó a la venta y se puso a contar esta larga historia que gracias a Dios ha llegado a su fin. (*) «Sic» quiere decir: «sí sí, ensalada».