INTERFERENCIAS | O |
21 oct 2005 . Actualizado a las 07:00 h.«NADIE dijo que Gran Hermano fuera fácil¿», le dijo Roberto, la voz , a Inma, la concursante que entró voluntaria al confesionario. Cuando lo hizo, el tal Roberto («con gran tristeza de mi corazón») le pidió que se despida con un «fue un auténtico placer». Demasiado, pero claro, es la tele que busca esta séptima edición, seguramente un nuevo pantallazo de Telecinco, que de eso se trata. Claro, la tal Inma explicaba a sus compañeros la dureza de la prueba. Desolados. A todo esto, la victimista Mercedes Milá (que dice que se bate el cobre defendiendo Gran Hermano entre sus amistades y allí adonde acude), orquestando un espectáculo que por fuerza provocará incomodidad en cualquiera con sentido común. Pero lo de Inma era otro truco. Los promotores de GH7 ya saben que los concursantes son unos resabiados y sus familiares también, por lo que el espectáculo arruinó su frescura. Ahora bien, se trata de dar espectáculo y de amarrar un share que le viene muy bien a la cuenta de resultados de la privada. Que este año metan la cuestión antitabaco y otras trampillas coyunturales es puro disimulo. Obvio, muy obvio. Todo visto. El drama del crítico es sentirse más solo que un pulpo en un garaje. Enviar a GH7 a galeras te convierte en perro verde ante sus simpatizantes. Sí, no es fácil...