02 dic 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

DEBERÍAN premiar al cámara de Antena 3 que iba en el helicóptero accidentado en Móstoles. Fue la secuencia más repetida en las últimas 48 horas, por la espectacularidad del trompazo, y porque también estaban Rajoy y Esperanza Aguirre, que como el resto del pasaje no sufrieron lesiones, pues la rotura de dos dedos que sufrió el político gallego apenas es nada. Si exceptuamos a Andreu Buenafuente, que esa misma noche lo invitó a Buenafuente por teléfono, nadie pareció acordarse del profesional que registró en su cámara unos segundos de imágenes, que unidas a las tomadas por otras cámaras en tierra, integraron la secuencia completa vista una y mil veces, y también recogida por emisoras extranjeras. Es que de los cámaras nadie se acuerda, sean de informativos o de plató. Claro, son gente anónima sin la cual la tele no existiría. Sus ojos. Vale, que lo mismo se dirá en sus trabajos de los controladores aéreos, los técnicos de una central nuclear o los panaderos¿ Pero los cámaras están en un medio sinónimo de popularidad, de fama, de negocio fabuloso, que llega a mucha gente. Contaba a Andreu que tuvo suerte al haberse despegado a tiempo de su máquina para que no le estampara la cara con dramáticas consecuencias. Prefiere que le reconozcan el mérito de una grabación que cubrió horas en múltiples cadenas.