HACE UNOS días escuché a un reputado publicista decir que un profesional del ramo «vale lo que su última campaña». ¿Vale un presentador de Televisión lo que su último programa?, me pregunté de inmediato. Rotundamente no, gracias a Dios. De ser así Pepe Navarro podría empezar a invertir el «pastón» que se ha llevado por su último «invento» en bonos del tesoro y Silvia Jato podría optar a sustituir a Oprah Winfrey durante las vacaciones estivales de la Diosa de Ébano. Sustituir a la Winfrey es mera utopía. Sustituir a la Jato no, pero va a ser difícil. Mantenerse en antena casi seis años de forma prácticamente continua y hacerlo con notables resultados incluso en las horas mas bajas de una cadena no es nada sencillo. Pasapalabra lo ha hecho hasta convertirse en un producto tremendamente rentable y de una solvencia a toda prueba. Tras el paréntesis del Millonario magistralmente presentado por Sobera, de nuevo el programa de Silvia ameniza las tardes de Antena 3 a millones de españolitos dispuestos a comerse el rosco en sus casas. El concurso seguirá, pero sin Silvia. Cuando termine de emitirse el puñado de programas que dejó grabados antes de su marcha a Telecinco, Jaime Cantizano tomará las riendas del veterano espacio. Seguirá siendo Pasapalabra , pero sin Silvia. Existen formatos que cualquier buen presentador es capaz de resolver. Existe otro tipo de programa que además de solvencia exige haber mamado de la primera a la última gota de su esencia, haber visto nacer y crecer a la criatura y ponerle condimentos propios. Lo hizo Sardá con sus Crónicas , el loco con su Colina y la Jato con su Pasa . Ahora veremos otro Pasapalabra , pero sin Silvia.