Jueces de andar por casa

La Voz

TELEVISIÓN

09 may 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

A ANA Rosa la echaron de Antena 3 porque, según Carlotti, estaba acabada. La contrataron a mitad de precio en Telecinco para comentar las hazañas sexuales de los concursantes de Gran Hermano o enviar periodistas camuflados a los colegios para enseñar a los papás cómo sus hijos trapichean con chocolate en el recreo. María Teresa Campos, en cambio, fichaba por Antena 3 a razón de seis millones de euros anuales para presentar tertulias políticas y hablar con Jaime Peñafiel sobre la crisis de la monarquía noruega. Año y medio después, María Teresa está en el paro. La Campos inventó las mañanas televisivas con un extraño cóctel, un programa para marujas en el que, mientras pasabas la aspiradora, podías instruirte tanto sobre el último parte de las negociaciones del Gobierno con ETA como el regreso a la normalidad del asesino de la catana. Había cierta dignidad. Pero en ese lento descenso a los infiernos, la Campos renunció a aquella promesa que hizo un día a sus espectadores -«nunca os daré mierda»- y acabó llevándonos al basurero. Al final, entre tanto padre de familia maltratado por sus hijos, mujeres asesinadas por sus amigas y niños acosados en el cole, las nimiedades que propone Ana Rosa, en esa quietud del rostro que proporciona la cirugía estética, nos devuelven a un mundo en paz y orden. Uno de los programas que sustituye a la Campos, Veredicto final, se estrenó el lunes con escaso éxito en los audímetros. Antena 3 ha recuperado el formato de los juicios televisados en el que un hombre bueno imparte justicia en todo cuanto contencioso se genere en el descansillo de la escalera. Mientras naufraga la nueva apuesta matinal de Antena 3, hay quien recuerda que la propia Ana Rosa se estrenó hace años en la misma cadena con un programa idéntico. Entonces hacía de telonera. Ahora es la estrella.