«Il dissoluto punito»
12 jun 2006 . Actualizado a las 07:00 h.El propio Alberto Zedda ya había afirmado, durante la rueda de prensa de celebración del Festival Mozart, que Ramón Carnicer había sido un compositor muy flojo. La razón primordial del rescate de su Dissoluto punito habría que situarla, por tanto, en el contexto de un certamen que este año mira a Mozart de manera oblicua, buscando conexiones con otros autores. Una vez apreciado este Dissoluto hay que concederle a Zedda toda la razón. La historia raras veces se equivoca cuando, a través de los siglos, hace prevalecer a unos autores y envía a otros al desván. Siempre serán mejores un Mozart o un Rossini menores que un mediocre Carnicer, al menos en lo que respecta a la ópera ahora recuperada. Cuando se escucha, por ejemplo, el aria del catálogo que canta Leporello en el Dissoluto , trasunto de aquella otra que Mozart compuso para el mismo personaje en su Don Giovanni , ganas dan de salir corriendo a volver a oír, aunque sea en grabación, la del salzburgués para recuperar la fe en la grandeza de la música. Carnicer se muestra como un routinier esforzado, un artesano sin ideas importantes, cuando no como un pésimo imitador de Mozart y de Rossini al que le faltan inventiva, inspiración, garra dramática y ciencia musical. Salvo por un par de arias, en el segundo acto, y un concertante, esta obra no merecería mayor atención. Pese a lo cual, hay que agradecerle a Zedda su empeño en poner los mejores medios para su rehabilitación en un certamen que cumple así con su cometido de ofrecer lo original, lo diferente. Se dejó la piel en el intento, con un gran trabajo concertador, desde la impecable obertura hasta la conclusión: sirviendo a los cantantes, delineando con precisión los finales, ocupándose de que el impulso orquestal no decayera ni un instante -la Sinfónica echó mano de muchos profesores jóvenes, salidos del conservatorio coruñés, que se lucieron-. Entre los intérpretes, merece la pena destacarse el don Giovanni del joven Korchak, un rossiniano en proceso de maduración, y la notable donna Anna de Anna Maria Dell'Oste. Es una lástima que al magnífico coro no le dejen trabajar más a menudo, porque su evolución aún sería mayor. La propuesta escénica del joven Damiano Michieletto funcionó a ratos. La idea de partida era interesante, con ese duelo de chefs situado en el ambiente opresivo de una cocina, y referencias a la película de Greenaway, El cocinero, el ladrón ¿. Lo que a veces resultan soluciones sorprendentes funcionan más que nada como impulsos, golpes de efecto, retazos más o menos imaginativos que en cambio no logran integrarse en una propuesta dramática del todo coherente. Teatro Rosalía de Castro (A Coruña). Korchak, Dell'Oste, Frontal. Sinfónica de Galicia y Coro. A. Zedda, director musical. D. Michieletto, director de escena.