Melancólica y discreta «Flauta»

César Wonenburger

TELEVISIÓN

06 jul 2007 . Actualizado a las 07:00 h.

La flauta mágica, un título que ha vuelto en los últimos años con fuerza a los escenarios españoles, ha sido uno de los grandes éxitos del Festival Mozart en su historia: en el 2003, la producción de Els Comediants logró agotar las entradas para tres representaciones, y obtuvo el beneplácito de público y crítica. Cuatro años después, la obra maestra de Mozart ha regresado al certamen en un montaje radicalmente distinto, que no ha logrado la misma unánime aceptación. Y es fácil entender por qué. Todo lo que la anterior tenía de luminosa, fresca, divertida, se convierte esta vez en oscuro, grave, mustio. La flauta puede entenderse como una profunda meditación sobre la aceptación de la muerte, pero al mismo tiempo también es una celebración de la vida. Aquí hay más de lo primero que de lo segundo, con los personajes permanentemente encajonados en una cámara oscura que apenas se ilumina en algunos, breves, instantes de felicidad, como en ese final conciliador, en el que hasta la Reina de la Noche se convierte en hada buena. El equilibrio entre el mensaje más profundo y los momentos de puro humor no está bien resuelto, aunque, sobre todo en los últimos minutos del segundo acto, desde la espectacular ceremonia del fuego, y con la aparición de Papagena, se perciban golpes de puro teatro, de gran efecto. Si a la gravedad de la puesta en escena se suma la alarmante falta de ritmo que Ros Marbá imprime a la partitura desde el foso, con una lectura pesante de tiempos mortecinos que en algún momento pusieron en graves aprietos a los cantantes, es fácil comprender que el público no mostrara la complacencia de hace cuatro años. El reparto vocal, aseado; pero muy lejos del nivel internacional de un certamen de este tipo: sólo la soprano Erika Miklósa, deslumbrante Reina de la Noche, superó la prueba con sobresaliente, el resto se movió entre esa discreta medianía que no molesta (o sí, los graves destemplados de Sarastro) pero tampoco entusiasma. Buen trabajo de Esposito en Papageno, e interesante voz la de Maite Alberola, que debe resolver esos problemas de afinación que afearon su aria. Carballido dio la talla como Hombre Armado. Excelentes el coro y la Sinfónica, que ha hecho un festival de quitarse el sombrero. «La flauta mágica».