Padre Casares cuenta con la dirección de uno de los grandes de Galicia, Jorge Coira, quien trabajó en producciones como Entre bateas, El año de la garrapata, Terra de Miranda o As leis de Celavella.
-¿Qué destacaría usted de esta serie de ficción?
-Que tiene una frescura que no es habitual en televisión y guiones con mucha gracia. El mundo de la Iglesia es muy solemne, pero tiene un encanto divertido. Aunque la serie es respetuosa.
-Los expertos la definen como una comedia clásica de aire actual; ¿por qué?
-No tiene un humor facilón, es más sutil. La comedia en sí misma no surge de los chistes, sino de las situaciones, y en televisión lo normal es que el humor salga de los diálogos. En Padre Casares hay silencios para morirse de risa. Estoy encantado. Es el tipo de comedia que a mi madre le encantaría. Muy clásica y eterna. Durante el rodaje ya se percibía la sensación general de que estábamos haciendo algo distinto.
-Tras la dirección de varios dramas, vuelve al humor. ¿Lo necesitaba?
-Supone una alegría brutal. Generar comedia es una especie de milagro. Aunque rodando me suelo reír poco, esta vez me costó, porque incluso los actores tuvieron que parar de trabajar por la risa. Me tuve que poner serio porque no es permisible [risas].
-¿Cómo fue la dirección de actores?
-Un lujazo. Galicia es tierra de actores, son de primera. Aparte de lo bien que nos entendimos, desde el principio hubo conexión entre ellos y sus personajes; los captaron desde la primera lectura del guión.
-En televisión, cada vez es más difícil captar al público. ¿Trabaja bajo presión?
-No, pero es inevitable pensar en la audiencia. Creo que desde la televisión pública se deben hacer productos lo más dignos posibles y los esfuerzos deben dirigirse a la calidad. Dejarse el alma y el corazón. Algunas cosas del primer capítulo son de los mejorcito que grabé en mi vida.