«Nuestro programa está apegado a la generación del Cola Cao»

Mateo Balín

TELEVISIÓN

El cómico manchego ha convertido «Muchachada Nui» en un espacio televisivo de culto con su humor absurdo y surrealista

26 abr 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Tras Almodóvar e Iniesta los manchegos tienen un nuevo tótem: Joaquín Reyes (Albacete, 1974), el cerebro de ese humor absurdo que Internet ha elevado a categoría de culto. Director y guionista de Muchacha Nui , el programa que ha estrenado su segunda temporada en La 2 (miércoles, 23.15 horas), Reyes es un auténtico camaleón del disfraz que puede vestirse de Mick Jagger, Michael Jackson, Raffaella Carrá o Tim Burton sin quitarse el acento made in Albacete .

-La segunda temporada suele ser de confirmación, como los toreros, ¿está preparado?

-¡Cómo un león hambriento! Después de despejar dudas sobre si éramos capaces de hacer media hora semanal, ahora solo nos queda desparramar.

-¿Existe tanta sed de humor en España?

-Vivimos una época dorada en televisión. Nuestra apuesta es un programa de sketchs distinto, con cierto riesgo y muy apegado a la generación del Cola-Cao. Se trata de hacer el producto que nos gustaría ver.

-¿Cómo cocina sus personajes?

-A fuego lento y madrugando, para que las ideas me pillen delante del ordenador. Eso de trasnochar es más mito que otra cosa.

-¿Cuándo escribe piensa en la crítica o es todo más simple?

-En el humor hay muchas formas de comunicarte y si lo entiendes, pues mejor. No voy a negar que no exista un cierto mensaje crítico en el programa, que lo hay, pero lo más grave sería confundir a Lars Vors Trier con Indiana Jones.

-Esa afición por Hollywood se nota en sus personajes.

-Es que la industria americana da mucho juego. Además, en Muchachada Nui somos muy cinéfilos.

-¿Qué es eso de humor inteligente?

-Un tipo de comedia con un nombre un tanto abstracto. En mi caso, me hace gracia el humor escatológico. Me gustan las ventosidades, las bromas tontas y el humor físico. Pero si abusas la cosa te puede quedar un poco chosca .

-¿Había mucho cachondeo en su casa?

-¡Mucho, mucho! Procedo de una familia cómica. En mi casa comemos sin televisión y los fines de semana son un despiporre. Hasta las broncas son cachondas.

-Dice un fan que no se puede ser tan ingenioso y tener la cara de mármol.

-No sé si es un halago o una crítica, pero gracias.

-¿Cree que los humoristas forman parte de las modas?

-Hay algo de fenómeno. Lo difícil es hacer chistes y mantenerse. Yo no estoy a altura de Carlos Latre, por ejemplo, pero tengo mis propios ases.

-¿Prefiere el humor disfrazado o a pelo?

-Me gusta hacer reír a pecho descubierto, pero reconozco que disfrazarme me pirra. El proceso de caracterización es larguísimo y el resultado me deja patidifuso.

-No será el típico jefe mandón, ¿verdad?

-Para nada. Lo mío es dar cariño a raudales.

-¿Hay algún cómico en su vida?

-Diría que Faemino y Cansado, pero el ridículo me lo prohíbe.