Lola simboliza la independencia femenina un poco frívola que incita a Chelo a dejar a Raúl «por caradura», pero, advierte, tiene «mucha vida interior»
21 oct 2013 . Actualizado a las 07:00 h.En el escenario de guerra de sexos que subyace bajo toda la trama de la comedia Chapa e pintura -la nueva serie de TVG, producida por Voz Audiovisual, que esta noche afronta su tercer capítulo-, Carolina Vázquez, actriz que encarna a Lola, desempeña un papel clave. Lo suyo es una especie de asesoría personal a su íntima amiga Chelo, para que esta abra definitivamente los ojos y ponga a Raúl fuera de su vida, y sin vuelta atrás. Con las ideas mucho más claras que la psicóloga que trata a Chelo, Lola es una invitación a la diversión, a retomar las riendas, a disfrutar. Es más, simboliza la voz de la independencia femenina un poco frívola que trata de relativizarlo todo con un pragmatismo de tomo y lomo. Un papel -el de Lola- que resulta muy diferente de otros que había afrontado Carolina Vázquez en series tan populares como Padre Casares (Conchita de Tapeirán) y Matalobos (la mujer de Carmelo).
-A Lola no parece gustarle mucho Raúl.
-No lo traga. Sabe que es un jetas. Y es lo que trata de dejar claro a su amiga, a la que quiere muchísimo y pretende que vea por fin las cosas cómo son. Y es que si Chelo no ha vuelto ya con Raúl es porque la presión y la vigilancia constantes de sus amigas Rita y Lola se lo impide.
-Pero Chelo puso las maletas en la puerta a Raúl... Ya reaccionó ante tanto engaño.
-Sí, pero solo en la apariencia. Porque ella está perdidamente enamorada de Raúl y cree, un tanto desestabilizada, que aún se puede reformar. Lola la incita a dejarlo porque sabe que es un vulgar caradura, un viva-la-virgen que solo busca aprovecharse de quien tiene a su alrededor.
-Bueno, Lola también es una juerguista...
-Sí. Pero Lola está libre, y se comporta como tal. Se divierte, sale con hombres, disfruta de la vida. Y eso es lo que pretende para su amiga, que vuelva a gozar de su independencia, que se desinhiba un poco.
-¿Lola es superficial?
-Aparentemente superficial. Tiene mucho corazón y mucha vida interior, como se verá en capítulos posteriores. Lo que pasa es que busca el lado lúdico de la existencia. Es verdad que se divierte con las cuitas de los demás, pero también que trata de hacerles ver el lado cómico de todos sus pequeños dramas, de quitarles hierro.
-¿Es usted la gran estratega del bando femenino en esta guerra de sexos?
-En realidad es solo que Lola quiere muchísimo a Chelo y no soporta verla sufrir constantemente, cada día. Es por eso que no puede ni ver a Raúl. Y eso que ella se maneja excelentemente con el sexo masculino.
-Pero, ¿es o no Lola quién dirige la batalla del lado de la peluquería frente al taller?
-A ella solo le preocupa que Raúl no vuelva a abusar vilmente de la generosidad y el cariño de Chelo, que es una romántica incurable y aún mantiene la esperanza de que su hombre puede cambiar, de que su amor puede rehabilitarlo. Quizá por eso Chelo trata de boicotear la nueva vida de soltero de Raúl en la casa del hijo de ambos, Lucas, que tampoco siente gran aprecio por su padre porque tiene claro que es la causa principal del sufrimiento de su madre.
-Algo que no ve el padre de Chelo, que acogió a Raúl en su taller cuando se quedó sin trabajo y cree que su hija debe «comportarse como una mujer» y aceptar de nuevo a su marido.
-El padre de Chelo es una síntesis de un pensamiento machista muy extendido, que sostiene que la mujer debe quedarse en casa, aguantando lo que venga de su esposo. Es un hombre rancio, de ideas reaccionarias.
-¿Pero usted cree que esto tiene una traslación a la realidad?
-Pues claro, la vida real supera la ficción, aunque esta parezca exagerada. Hace unos días un espectador paró por la calle a Miguel Pernas [que interpreta al padre de Chelo] y le espetó: «Eu tamén prefiro as motos antes que ás mulleres». La serie caricaturiza los perfiles, pero las situaciones que se dan pueden ser perfectamente reales, y se dan en la vida diaria, aunque hayan sido llevadas al extremo por los guionistas en busca de una mayor comicidad.