Era la hora del bocata y miniración diaria de programación infantil cuando, un día de 1981, un acontecimiento que alteró a los mayores interrumpió la emisión de algo que se diluye en la memoria entre Barrio Sésamo y La mansión de los Plaff. Adolfo Suárez había dimitido y aquello parecía algo importante.
La vigilia mediática que se instauró el viernes ante la frágil salud del primer presidente de la democracia volvió a cambiar los planes de algunas televisiones, que contraprogramaron homenajes a la figura del estadista.
Antena 3 partía con la ventaja de tener en la nevera un antiguo telefilme que repasaba la vida y la carrera política de Suárez, así que canceló el estreno de Me resbala y le dedicó su horario estelar. La jugada no resultó muy fructífera en términos de audiencia, ya que, a pesar de la actualidad, el público no se sumó a este biopic que, como suele ser habitual en el género, busca ajustarse tanto a los hechos y los datos que carece del ritmo narrativo que logre mantener el interés del espectador hiperestimulado. Uno de los ejes de la película es el 23-F, del que demuestra que no fue la broma que Jordi Évole perpetró. Como en un tirón de orejas del destino, el autor de Operación Palace ha tenido que ceder hoy su espacio al líder de la transición.