No hay espacio para la calma en televisión. Nada indica por ahora que pueda producirse una eclosión de la slow tv, que triunfó en Noruega con programas como aquel que mostraba un viaje en tren de siete horas o una hoguera ardiendo en directo. Lo que impera por aquí es la acción.
La única rareza equiparable es la que, gracias a la tecnología, permite contemplar la señal en bruto de grandes acontecimientos, sin comentarios ni intermediación de un locutor. Lo hizo TVE, este domingo y solo en Internet, con la alfombra roja de los Óscar al ofrecer de forma permanente, y sin editar, la emisión de una cámara con vistas al desfile. También en los Goya mostró una visión inédita con un foco que apuntaba permanentemente al patio de butacas. Una curiosidad solo para mitómanos que permite asistir con mirada nueva a ceremoniales que, contemplados tan de cerca, pierden buena parte de su misterio.
Mientras las estrellas de Hollywood pisaban su famosa moqueta, las prisas y las carreras daban a este escaparate una perspectiva mundana que no se muestra en las piezas editadas del telediario. Agentes guiando a las estrellas para situarlas en un buen lugar. Señores corriendo, con sus fregonas en alto, para intentar desalojar el agua de lluvia almacenada en la cubierta de plástico. «Os estáis perdiendo lo mejor», decía Michael Keaton señalando el tenderete dominguero mientras la cámara seguía concentrada en los trajes de alta costura. Y así, entre pose y pose, los artistas miraban de reojo hacia arriba, como esperando que, en cualquier momento, el cielo se derramase sobre sus cabezas.