Tito Vilanova debuta esta temporada como entrenador del Barcelona, pero no dirigirá a los Messi, Xavi, Iniesta y compañía en solitario por primera vez en Riazor. Curiosamente, el estadio coruñés presenció su bautismo como máximo responsable del banquillo azulgrana. Fue el 30 de mayo del 2009, en la última jornada de Liga de la primera temporada de Guardiola, tres días después de que su equipo ganase la Copa de Europa que conquistó en Roma y cuando ya había cantado el alirón y también se había alzado con la Copa. Guardiola había sido expulsado en los últimos minutos de la penúltima jornada, en la que el Osasuna ganó en el Camp Nou gracias a un gol de Pandiani.
Así, con Guardiola en el palco, su ayudante dirigió desde el banquillo al Barcelona, que empató en los instantes finales el gol de Bodipo (1-1). Al estilo de su mentor, Vilanova siguió prácticamente todo el partido de pie desde el área técnica. Al término del choque compareció satisfecho por el empate final. «No era fácil para nosotros ponernos al partido. Pero hemos dado la cara y estamos contentos después de todos los partidos que hemos jugado en los últimos meses». También se refirió al juego del Dépor, al que elogió después de que cerrase la Liga al filo de los puestos que daban acceso a la Copa de la UEFA. «Ha estado bien. Es un equipo que personalmente me gusta mucho porque tiene un fútbol alegre», dijo en referencia al equipo que entrenaba Lotina.
El actual entrenador azulgrana regresó a Riazor en las dos temporadas siguientes, la 2009-10 y la 2010-11, como ayudante de Guardiola y entonces sí que disfrutó de sendas victorias por 3-1 y por 4-0. Esta campaña el Barça de Vilanova arrancó el campeonato de forma incontestable, con seis victorias consecutivas y un empate en la última jornada contra el Madrid en el Camp Nou. Las señas de identidad azulgrana siguen vigentes, pues al margen del gusto por un fútbol combinativo y de posesión, el entrenador mantiene premisas como la rotación de futbolistas y la apuesta por la cantera.