Manuel Pombo comenta su triunfal estreno como portavoz del área técnica del Dépor
16 abr 2013 . Actualizado a las 12:37 h.Ponerle cara al triunfo que saca del descenso al equipo de tus amores es el sueño de muchos, al alcance de unos pocos. Manuel Pombo (coruñés desde 1960) pasó el sábado a engrosar esa nómina de elegidos. Fue por gracia de la desproporcionada sanción que mantiene (y aún mantendrá el próximo domingo) a Fernando Vázquez en la grada; culpable de atosigar a un cuarto árbitro al grito de «eres increíble».
Superado a medias el monumental cabreo que provocó el castigo, el técnico de Castrofeito se hizo a la idea de acotar sus carreras a la intimidad del palco del Ciudad de Valencia y delegar en su mano derecha el cara a cara con la plantilla. Pombo, que no era técnico titular desde que en 1983 (recién salido de la escuela de entrenadores) dirigió un conjunto cadete del Dépor, daba un paso al frente en un encuentro clave. Destinado a culminar una increíble remontada.
La previa
Horas antes del viaje al feudo granota ya ejercía de líder con la confianza por las nubes. «Vamos a ganar seguro», proclamaba a las puertas del estadio de Riazor. Allí avanzaba también algunas pinceladas del plan tramado con su jefe: «Ellos no quieren la pelota; pues a ver qué pasa si nosotros tampoco la queremos y les vamos a presionar arriba».
El resultado fue un impresionante 0-4 con la posesión repartida al 50%. Pero más allá de los datos, la cuarta victoria consecutiva del Dépor estuvo llena de detalles y sensaciones en el banquillo blanquiazul.
En el hotel se pulieron los últimos detalles de la estrategia. «Era un partido muy definido, porque el rival juega siempre igual», detalla el preparador físico. Además, se decidió que Vázquez no se sentaría tras el banquillo (la normativa lo impide y la visión del campo no era buena). «Pensamos que lo mejor era que viera el partido desde arriba y nos comunicásemos por móvil». Un sistema infalible, ¿o no?
El partido
El duelo no tardó en ponerse de cara. Y el jefe interino del área técnica deportivista se enteró antes que nadie. «Cuando vi el pase de Manuel Pablo, antes de que tirase Valerón, ya sabía que iba a entrar. Era una zona de golpeo muy buena para él», relata Pombo. Nada de carreras esta vez. Apenas una sonrisa y el pulgar en alto. «Mi alegría iba por dentro. Yo suelo ser más tranquilo que Fernando», detalla.
No tardaron en llegar el segundo y el tercer tanto, pero después un detalle complicó el encuentro. «Nos dimos cuenta de que Abel estaba lesionado -explica el preparador coruñés- y una vez que nos confirmó que no podía seguir yo intenté decírselo a Fernando, pero las líneas estaban saturadas. Nos comunicamos por gestos y al final bajó Sambade (el preparador de porteros, que estaba junto al míster en la grada) y se decidió el cambio». El relevo de Marchena fue más fácil. No solo porque «su sustituto estaba claro», sino porque «en el descanso conseguimos otro móvil que sí funcionaba».
El último cambio también estaba preestablecido: «Nelson llevaba mucho tiempo sin jugar tantos minutos y no queríamos forzar». Una decisión que no contó con la inmediata complicidad del señalado: «Yo transmití que el jugador pedía seguir. Estaba con muchísimas ganas». Minutos después, entraba Salomao. Poco más tarde llegaba el 0-4 y de inmediato, el final del encuentro.
La resaca
Pitó el árbitro y todo volvió a su orden habitual: Vázquez bajó al césped y desapareció Pombo. «Yo entré el primero al vestuario. Es algo que hago siempre porque me gusta esperar allí a los jugadores y felicitarles uno a uno».
-¿Cómo se sintió?
-Sentí que todo cambiaba. Que ahora el reto pasa a ser gestionar lo que hemos logrado hasta el momento. No relajarse. Pero por de pronto este equipo ha pasado de jugar para no perder a salir a ganar.
Así lo reconocieron los cientos de coruñeses desplazados al Ciudad de Valencia. Una hinchada que no deja de sorprender a un viejo hincha blanquiazul: «Evidentemente, los nuestros eran menos que los seguidores locales, pero solo se les escuchaba a ellos. Me parece algo impresionante cómo está respondiendo la gente».
Sorpresa con prórroga tras el aterrizaje en Alvedro. «Me emocioné -rememora Pombo-. Y creo que para mí fue especial porque entre esa gente que nos esperaba estaba mi hijo de 15 años». Deportivista, como su padre.