La última lección de una afición ejemplar

a coruña / la voz

TORRE DE MARATHÓN

03 jun 2013 . Actualizado a las 10:20 h.

La hinchada que nunca se rinde se convierte en el primer pilar del nuevo proyecto deportivista. Mientras las aficiones del Zaragoza y del Mallorca descargaron sin rodeos su decepción con altercados contra los jugadores y los dirigentes de sus respectivos clubes, en A Coruña la noche amarga concluyó con una salva de aplausos.

Con la necesidad de reconstruir desde las cenizas un equipo roto por el segundo descenso en dos años Riazor dio su primera lección en cuanto el colegiado pitó el final del partido contra la Real Sociedad. El descenso se hizo realidad, pero desde los gritos de ánimo a la plantilla -«¡Dépor, Dépor!»- y los cantos al ídolo caído -«¡Valerón, Valerón!»- se gestó una despedida que puso los pelos de punta.

Se reconoció así la hombrada de Fernando Vázquez, aglutinador de las ilusiones de toda la afición, y la nobleza en el esfuerzo de los futbolistas, ilusionados hasta el final por alcanzar la permanencia. En realidad, la noche se convirtió en el despertar de un plácido sueño, el que ilusionó a toda una afición durante un tramo final de temporada inolvidable.

El sábado por la noche flotaba en el ambiente el sentimiento de que el Dépor acababa de despertarse de un momento no vivido. Acababa de disfrutar una vida extra con la que no contaba allá por el mes de febrero, cuando el entrenador de Castrofeito llegó a A Coruña para zanjar discusiones y desencantos con un discurso repleto de ilusiones.

Y el sueño aún sigue siendo posible. Desde el amor a los colores y la incertidumbre por el período que ahora se abre en el club, los seguidores levantan los pilares del nuevo proyecto. Como el pasado jueves sostuvo Fernando Vázquez, «no puede morir algo con este apoyo». Es la última lección de una afición ejemplar.