Siendo niño, mucho antes de entrar en el mundo del periodismo, ya sentía con fuerza ese sentimiento adicto al Deportivo que se iría fortaleciendo más a lo largo de los años por el contacto diario con el club coruñés, equipo que tantas alegrías, o fuertes desilusiones, produce en el ánimo de los coruñeses. En todos, repito, pues es general la desilusión en la ciudad por las derrotas blanquiazules, incluyendo a quienes no se consideran aficionados. Perder siempre causa desagradable desazón, en contraste con la alegría de ganar, comentada aquí en alguna otra ocasión. Por ejemplo, frente al Córdoba, rival al que antemano se daba como derrotado en Riazor, donde no era capaz de ver nunca la luz que enseña el camino de ganar. Llama la atención el optimismo asentado de un tiempo a esta parte entre el deportivismo. Antes, era como una obligación en las vísperas de los partidos resaltar las virtudes del rival, con propósito de aumentar la viveza de los futbolistas coruñeses.
Esto último es una de las diferencias que se detectan en el ambiente futbolístico que nos rodea, ahora un tanto triste por la derrota, pero tampoco quedará como la única de esta Liga. Ya lo dijo Fernando Vázquez refiriéndose al ascenso que consiguen los equipos ?después de sufrir diez o doce derrotas en el campeonato?.
Como viejo aficionado me permitirán manifestar mi desacuerdo en que, tras una derrota en Riazor, salgan los jugadores al centro del campo correspondiendo (?) a los aplausos que les dedican muchos de los asistentes al partido que se acaba de perder. Esto, en otros tiempos, ni pensar que sucediera puesto que el público expresa esas manifestaciones cuando queda satisfecho con lo que acaba de presenciar.