No resulta fácil enjuiciar la actuación de un equipo que acaba de ofrecer a sus seguidores un motivo para la alegría. No resulta fácil porque, con frecuencia, el juicio está influenciado por la euforia. Lo decía Helenio Herrera: «Cuando ganamos, lo primero que recalco a mis jugadores es hacerles ver que el domingo tenemos que jugar, y ganar otra vez. Así me tiro todo el campeonato, haciendo ver que los triunfos aislados son cosa de los equipos con un comportamiento irregular?»
Esas palabras de H.H. las recordaba ayer, 24 horas después de la victoria (0-2) del Deportivo en Alicante, donde se enfrentaron dos históricos del fútbol español en un encuentro que no tuvo calidad. Cabe destacar, esto sí, la sobriedad que Fernando Vázquez viene demostrando en la tarea, nada fácil por cierto, de sacar al equipo de ese largo túnel buscando una luz que se le supone al final del trayecto.
No resulta fácil, claro que no, enjuiciar a un equipo que lo que celebra es un triunfo puntual. Resulta obligada una espera confiando en que consolide sus virtudes. Sobre esto, Pedro Barreiros firmó ayer en estas páginas un análisis con un sugestivo titular: «La lección de un bloque práctico», donde resaltaba la efectividad y el orden, además de la solidaridad para ganar. Cualidades estas que resultarán básicas para cubrir el duro y largo trayecto que el Deportivo tiene por delante.