Gol, palabra sublime en el fútbol. En otros deportes se les denomina punto o tanto, porque lo de gol (goal) está acaparado desde antaño por el deporte más popular. Gol, palabra que unas veces abate el ánimo del aficionado y, en otras, se siente como si le hubiesen inyectado una energía que le hace volar por encima de los aficionados que van a favor del rival. No hay mayor alegría que festejar el gol cuando es decisivo para la victoria, así como tristeza en el caso opuesto. El gol es la más electrizante explosión de júbilo que nos ofrece el fútbol.
Gol es la palabra rey, pues sin el gol no hay victoria. Un equipo puede clasificarse por el cociente de goles pero nunca es igual que conseguirlo mediante el gol directo como, por ejemplo, el que marcó Alfredo al Valencia en la famosa final de Copa pasada por agua. No todos los goles son alegres, los hay mortíferos para quien los recibe, como le sucedió al Celta frente al Levante (0-1), gol que derrotó al equipo vigués, después de más de 25 minutos sin que su portero se viera obligado a parar un balón. Goles como este son traicioneros, injustos si es que otros los calificamos de justos como el del Deportivo al Zaragoza (1-1) remachado por Borja después del colocado disparo de Culio, en el lanzamiento de una falta.