Los equipos canarios no compitieron con los de la Península hasta mitad del siglo pasado. Contra el Deportivo no se vieron en la Liga (en Primera División) hasta la temporada 1951-52 cuando el conjunto de Las Palmas consiguió verse con la élite del fútbol peninsular, en donde no resistió más que una temporada y bajó con el Atlético Tetuán, equipo que por Riazor volveríamos a ver dos años después, en aquella liguilla tantas veces comentada por ser la que sirvió a Helenio Herrera para su recuerdo en el Deportivo.
En los años 56 y 57 volvería Las Palmas por Riazor para seguir, después, caminos diferentes en Segunda y alejados al pertenecer a uno u otro grupo. Lo anterior son recuerdos de aquellos años 50, cuando los equipos llegaban a Canarias y los jugadores obsesionados por comprar relojes de pulsera, maquinillas eléctricas de afeitar, cámaras de fotos, camisas de nailon, medias de cristal, cartones de tabaco y cien artículos más que se compraba a precio infinitamente inferior al que se cotizaba en el mercado de la Península.
Encargos
Pensando en todos esos encargos, más que en el partido que tenían que disputar en Las Palmas o en Tenerife, recuerdo las preocupaciones de Arsenio, quien solía repetirles por las mañanas a los jugadores la táctica a seguir por la tarde en el encuentro: «Hay que insistir en el tema, pues alguno ya olvidó lo que se les explicó en el último entrenamiento? Llegan aquí y piensan más en los encargos que en el encuentro?»
Los tiempos cambiaron. Todos aquellos suvenires que se traían de Canarias, hoy se pueden comprar en una céntrica calle de cualquier ciudad. El aficionado no encarga un reloj, ni una radio portátil. Pide, esto sí, que el equipo regrese con los tres puntos en su equipaje.