Fernando Vázquez decía en una entrevista concedida a La Voz que el liderato del Deportivo no es obra de un milagro. Y explicaba el éxito de su equipo en base al esfuerzo, al trabajo y a que el grupo cree en lo que hace. Sin duda, tiene razón. Cuando casi ha concluido la primera vuelta, no es casualidad que un equipo supere a los otros 21. Fernando encuentra claves futbolísticas para explicar las razones de sus 35 puntos porque sabe que, aunque en el fútbol el azar es un jugador importante, los campeonatos los ganan el talento y el esfuerzo de los futbolistas, la sabiduría del entrenador y la calidad del trabajo.
Pero las explicaciones racionales de Fernando Vázquez no eliminan que, en realidad, algo de mágico sí que hay en la trayectoria de su equipo. Primero, porque la plantilla del Deportivo es limitada, en calidad y profundidad. Y, segundo, porque navega en medio de un permanente temporal. Fernando ha conseguido aislar a los suyos en una burbuja y evitar que los destrozos de Lendoiro no lleguen al terreno de juego. Y esto, sí que parece sobrenatural.
Por si fuera poco, hizo una labor más allá del balón, manteniendo un idilio con la grada y viviendo en comunión permanente con el deportivismo. Su trabajo es ciencia y dedicación. Y los resultados son la consecuencia de un método. Entonces, ¿no hay milagro? Sí, Fernando es el milagro.