Uno se siente conforme cuando comprueba que sus afirmaciones, sobre las que puede surgir polémica, coinciden con opiniones de quienes gozan de crédito en este complicando mundo, con un camino muy empedrado que pone dificultades para la llegada al objetivo marcado. En este terreno por el que corre el balón, los fallos surgen en cada esquina. También en las tertulias, donde parece que buscan más la cantidad que el acierto en el análisis de los temas sobre la mesa para debate.
Prefiero escapar del terreno de las adivinanzas en vísperas de cada jornada. A lo sumo, y tampoco siempre, confieso a medias lo que siento en mi interior procurando no influir con demasiada fuerza sobre ese deseo que empuja hacia lo que el aficionado desea alcanzar, aun reconociendo que cae lejos. Esto último es un deseo generalizado en el mundo del fútbol.
Todo lo dicho tiene relación con el Punto de Mira publicado el lunes, bajo un titular que resultó muy tajante para algunos que creen en el ascenso sin obligación de ganar siempre. Y vuelvo al comienzo, después de leer ayer el informe firmado por Pedro Barreiros, en La Voz de Galicia, donde se recordaba a los aficionados la situación de los equipos que buscaban el ascenso al final de los llamados campeonatos de invierno, en donde ahora el Deportivo viene ejerciendo un mando que le obliga a ganar (con la posible despensa de algún partido como el de Jaén), pero sin más descuidos.
A la vista del calendario, resulta obligado repetir el aviso: «Para subir, hay que ganar».