Leyendo ayer El zaguán del sábado, artículo con el que el doctor Salorio consigue que los lectores de más edad tengan un momento de solaz, al tiempo de «reconocer cómo somos y cómo son las cosas que ocurren». Fue leyendo este último párrafo cuando, quitándome muchos años de encima, recordé tiempos vividos cuando Manolo Sánchez Salorio y yo éramos chavales. ¿Por qué el recuerdo? Porque en una de las páginas deportivas de La Voz de Galicia, también de ayer, se hablaba del «alto riesgo», temor que no es descartable para el Deportivo-Sporting, «por la presencia de los Ultra Boys, hinchada radical sportinguista con la que los Riazor Blues mantienen una vieja enemistad que ya han protagonizado en numerosos altercados. Se calcula en torno a siete mil seguidores asturianos en las calles coruñesas».
Fue esa presencia de hinchas del equipo visitante lo que me hizo recordar el artículo del doctor Sánchez Salorio hablando con sencillez y amenidad de Sóflocles, Edipo, nombres que pertenecen a la mitología y lo más fácil, ahora, sería hablar de Messi o Cristiano Ronaldo. Coincidíamos Sánchez Salorio y yo, en aquellos años 40, con cientos de ferrolanos que venían al viejo campo de Riazor empujando al Racing en busca de una victoria que les era imposible de alcanzar porque la portería coruñesa estaba defendida por Acuña, un baluarte inexpugnable. Entonces, repito, venían muchos hinchas verdes y no se acordonaba ninguna calle. Toda la fuerza se escapaba por la boca y los perdedores retornaban a su lugares dándole al rabo y esperando la segunda vuelta para un desquite.