La sentencia sobre el concurso del periódico de Lendoiro es suave en las condenas, pero elocuente y dura en cuanto a lo que en ella se lee y a lo que de ella se deduce.
Es suave porque al cuñado de Lendoiro le inhabilitan dos años, algo que, probablemente, le trae sin cuidado a efectos prácticos; y le libran de pagar cantidad alguna por la quiebra culpable de Ediciones Deportivas Gallegas, algo que, sin duda, preocupaba de verdad a Felipe Marcos. El exconsejero del Deportivo ha salido bien parado materialmente, aunque vapuleado en el plano moral. Según el juez, el cuñado no eran tan ignorante como aparentó en el juicio. Más bien cree el magistrado que debía de ser consciente de las irregularidades contables que se produjeron. Felipe Marcos supo siempre lo que allí se cocía. Su labor como administrador queda retratada y descalificada, aunque alguien que ha defendido una gestión basada en la mentira y en el pisoteo de las normas, es probable que no se haya puesto colorado porque se recoja en una sentencia pública lo que era un modus operandi de dominio también público.
Tampoco es fácil imaginar a Lendoiro poniéndose colorado porque un juez diga que el Deportivo que él presidía es culpable de haber cometido «irregularidades relevantes en la contabilidad». Hasta hoy, a pesar de todo lo que se sabe, el único castigo que pesa sobre Lendoiro es que el Deportivo ya no le paga cenas en El Manjar. Aunque hay quien dice que semejante condena no es poca cosa. Incluso peor que la de su cuñado.