No sabe cómo conectar con una afición de la que sospecha que le pide más de lo que puede dar porque «venía del Barça y de disputar la Champions»
13 feb 2015 . Actualizado a las 05:00 h.«Físicamente no gustará mucho a las chicas, pero en su sitio lo hace que te cagas. Su trabajo lo hace perfecto, pero perfecto. A un muy buen nivel. Es un jugador que no tenemos porque posee un gran desborde y ofrece posibilidades diferentes al conjunto. Hace buenos a los demás». El que habla es Pep Guardiola. Sus declaraciones son de diciembre del 2011. Y el joven que hacía mejor a Messi, Xavi, Iniesta, Alexis o Cesc Fàbregas era Isaac Cuenca. Aquel día había hecho diabluras en el 5-0 contra el Levante e incluso había marcado un gol.
Esa es la tarjeta de presentación con la que el reusense llegó a A Coruña. Un aval que le ha abierto mil puertas. Pero también un listón muy alto que, de momento, le está cerrando la del corazón de la grada de Riazor. Un estadio que, a pesar de los dos años de actividad del exazulgrana, esperaba a ese explosivo futbolista que enamoró al actual entrenador del Bayern y, pasado medio año, sigue sin aparecer en todo su esplendor.
Ahora, Cuenca lucha contra sí mismo. Busca su sitio en un Deportivo en el que estaba llamado a hacer grandes cosas y se ha quedado a un regate de encontrarse a sí mismo.
«Creo que la gente se impacienta conmigo porque vengo del Barça. Vengo del Barça, he jugado Champions y a lo mejor la gente espera muchísimo y aunque lleve dos años sin jugar, la gente ni lo ve ni lo aprecia y no saben lo que ha pasado. La gente solo ve lo que he jugado en su día y como quieren eso... Quieren que marque muchos más goles, dé muchas más asistencias», reflexiona.

Cree que la afición espera más de lo que puede dar, pero también asume que él puede dar más de lo que hasta ahora ha ofrecido. Y sabe cómo podría tener más confianza y dar más de sí: «Si jugara más minutos, si fuera más importante en el campo y si la gente en vez de silbar, aplaudiera más», reconoce.
Más aplausos que pitos
Pese a todo, el futbolista catalán observa cómo las críticas han disminuido en Riazor y, aunque el pasado viernes fue pitado «hubo más aplausos que otras veces y muchos más que silbidos», apunta. Con todo, sigue sin explicarse qué quiere la afición: «Nos sé que me pasa para conectar con la grada. No he hablado ellos, así que no sé su opinión», admite.
De lo que no duda Isaac Cuenca es que, incluso por debajo del nivel exhibido en el Barça, tiene calidad para jugar en este equipo y espera que Víctor Fernández le dé otra oportunidad mañana: «Creo que voy a seguir en el equipo. Si no lo hago, no sería una decepción porque cada uno ve el fútbol de una manera y yo solo trabajo para demostrar que puedo jugar».
Y es que actuar en el Bernabéu no es como hacerlo en otro estadio. No por su pasado azulgrana, sino por su condición de amante del fútbol. «Es uno de los campos más bonitos del mundo». Entiende que el Madrid en su campo suele ser inexpugnable, pero apuesta porque es el mejor momento para intentar sorprender. «Cuando las cosas les van rodadas a estos equipos es complicado. Prefiero pillarlos ahora, después de un 4-0, que pueden ponerse nerviosos. Si las cosas no les salen al principio, puede haber impaciencia en la grada y pitarles».
Lograr un punto en el Bernabéu lo considera importantísimo y la victoria elevaría los tres conquistados a la categoría «de oro». Pero más allá del triunfo, Cuenca sostiene que el Dépor debe cambiar la imagen ofrecida en el partido de la primera vuelta. «A nadie le gusta perder por 2-8, pero el Dépor ha variado mucho. Ahora somos más fuertes», sentenció.