Cani se suma a la lista de quienes llegaron al Dépor convencidos por Víctor
25 jul 2015 . Actualizado a las 05:00 h.«Hablar, hablar... Hablé nada más con el entrenador». A Cani, como a Navarro o a Luis Alberto, lo convenció Víctor. Aquel técnico que se despidió con un «yo no ficho» antes de salir de vacaciones y que volvió convertido en baza fundamental para cerrar las contrataciones apetecidas. La última, la de un futbolista que bajo la promesa de «trabajo, calidad y veteranía» sin necesidad de pagar traspaso atrajo un buen puñado de novias, y que se decantó por Riazor porque hubo quien le habló muy bien «de la ciudad y de la afición».
En un alto en su revisión médica, Cani confirmó no contar con excompañeros o amigos de pasado blanquiazul, así que de ensalzar la urbe y la hinchada de su nuevo destino tuvo que encargarse el míster. «A mí me es muy fácil decirles cómo es vivir en A Coruña, porque la he vivido y es maravillosa», había explicado Víctor Sánchez hace diez días restando mérito a su intervención en las negociaciones y asegurando que las conversaciones continuarían.
El caso Thievy
De momento, las palabras del técnico madrileño han dado el último empujón a tres operaciones -Luis Alberto reconoció que en su caso la charla resultó determinante- y se han escuchado en alguna más, como la destinada a atraer a Thievy. Sin embargo, en el caso del jugador del Espanyol el contacto no ha bastado de momento para vencer al reclamo granadino. Promocionar la Torre de Hércules está resultando más complejo que vender la Alhambra; en buena medida, porque el palacio nazarí parece contar con el favor de la novia malagueña del delantero.
A Víctor se le atraganta cualquier petición pública de detalles acerca de su papel en los fichajes, así que las pistas han llegado siempre a través de quienes se incorporan al plantel, que no solo llegan atraídos por la palabra. La obra también sirve de reclamo. «Es un equipo que quiere hacer buen fútbol y eso me beneficia», afirmaba ayer Cani antes de mantener el misterio en torno a su salida del Villarreal: «Ocurrieron algunas cosas antes de irme al Atleti -confesó-. Ellos no querían que yo siguiera allí y no pasa nada».
El maño, de 33 años, quiere recuperar sensaciones en A Coruña después de un último curso decepcionante, tanto en El Madrigal como durante su estancia a préstamo en el Calderón. «Tuve seis meses en los que jugué muy poco y tengo ganas de volver a tener partidos, minutos y la tranquilidad de sentirme importante». Un giro que también aguarda por parte de su nuevo equipo: «Al Dépor le ha costado salvarse pronto, pero cada año es una historia. Se están haciendo buenos fichajes y esperamos esa tranquilidad».
Él llega para ayudar a buscarla, tanto desde un costado como arrancando a espaldas del punta. Donde le digan. «Me da igual jugar en una banda que en otra -afirmó ayer-. En el medio he jugado menos estos años, pero si el entrenador quiere que juegue ahí, lo haré». Compromiso de obediencia al hombre del teléfono.