El fútbol codificado

José M. Fernández PUNTO Y COMA

TORRE DE MARATHÓN

06 nov 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

No existe un asunto más publico que el fútbol. Después del tiempo, no existe otro tema de conversación más recurrente, muy por delante incluso de la manida crisis. Por eso términos como la privacidad o la confidencialidad difícilmente casan con el que quizá sea el único fenómeno realmente transversal e interclasista. Pero justo ahora, cuando parece imponerse el rigor económico y la transparencia forma parte de cualquier candidatura, por modesta que sea, el fútbol parece encaminarse hacia la codificación definitiva, a que unos cuantos cocinen el espectáculo y el resto lo consuman compulsivamente. A no ser que el objetivo sea tratar al aficionado como a un mero consumidor de camisetas o un coleccionista de autógrafos.

No se ha llegado a la pantalla de plasma, pero abundan las lecturas de comunicados, los mensajes teledirigidos y las comparecencias publicitarias. Mejor sin testigos ni preguntas. Reducir el fútbol a noventa minutos de televisión -de pago- o en vivo y en directo en intempestivos horarios no ayuda a los aficionados ni a los protagonistas. Cierto, tampoco a los medios de comunicación, empujados a la búsqueda de la información en terrenos bastante más pedregosos que los rectángulos de juego. El Dépor ha decidido ocultar con lonas sus entrenamientos. «Será como hasta ahora. Igual. Y los trabajos tácticos que consideramos que tienen que tener esa privacidad», justificaba ayer Víctor Sánchez del Amo. Al técnico del conjunto coruñés la idea le parece bien, incluso la ha alentado con insistencia desde su llegada a A Coruña. Y, faltaría más, está en su derecho de reclamarla. Más cuestionable es que utilice como coartada el que se han transcrito «casi literalmente instrucciones para preparar un partido» o que busque en la prensa pistas para preparar sus partidos. Si a estas alturas los medios de comunicación son una fuente de información táctica, es que el fútbol necesita bastante más que rigor financiero.