El míster que parió Riazor

Xurxo Fernández Fernández
xurxo fernández A CORUÑA / LA VOZ

TORRE DE MARATHÓN

Abraldes

Tras vivir a la sombra de Michel, el técnico del Dépor ha acuñado método y estilo

27 ene 2016 . Actualizado a las 17:07 h.

Hace 290 días, el Dépor decidió cambiarse el apellido a la altura del banquillo y confió a un Sánchez la tarea que había encomendado a un Fernández a principio de temporada. Variaban los plazos, no el objetivo: firmar una salvación innegociable para la subsistencia del club. Pero el nuevo Víctor añadió otro reto por su cuenta el día de la presentación. «Llego con la ilusión de hacer un proyecto bonito que dure muchos años», confesó a los medios. El 9 de abril completará el primero, y ya sabe que si nada se tuerce o el éxito no lo recoloca en el bancal de los ricos y poderosos, tendrá carrete para catorce meses más. De aquella primera comparecencia quedan unas cuantas frases como termómetro de sus méritos y propuesta, del cambio experimentado en el técnico que llegó y en el equipo al que vino a parar.

1. Bisoñez superada

El técnico madrileño se sinceró ante los micros sobre la necesidad que venía a cubrir su fichaje por el Dépor: «Esperaba un proyecto nuevo después de cuatro años al lado de Michel» . Regresaba Víctor a Riazor para saciar el hambre de primer plano; se la jugaba la directiva con un debutante cuando las turbulencias del curso parecían exigir la serenidad de la experiencia. Pero poso ya tenía el entrenador despeñado ante el Córdoba y la savia nueva obró el milagro: reactivó un plantel plagado de futbolistas de paso y abrochó una permanencia agónica en casa del campeón. Además de tiempo extra, la gesta regaló al míster un bonus de peso en el club y obligó a una planificación exhaustiva con múltiples beneficiados. La obsesión de Víctor por controlar cada detalle encontró coartada en el objetivo cumplido.

2. Peso en la planificación

«He visto muy buen ambiente y gran predisposición de trabajo. Creo que hay muy buenos mimbres». O bien al nuevo se la coló el vestuario, o salió en falso ante la prensa. En el plantel que finiquitó el curso pasado habían bajado ya los brazos algunos jugadores y solo faltaba una chispa para que prendieran ciertas desavenencias. Hubo escena en el vestuario de Elche y firme propósito de todas las partes de corregir el modelo de plantilla de cara a la nueva campaña. Víctor coincidió en la conveniencia de incorporar jugadores consolidados e implicarlos a largo plazo. No hizo falta que le recordaran la factura pasada a anteriores técnicos por desentenderse del proceso de fichajes y descolgó varias veces el teléfono (por voluntad propia y ajena) para convencer a diversos pretendidos.

3. Gestión de recursos

Durante la confección del plantel se registró un fallo en la conexión entre departamentos y Víctor, que pidió una plantilla corta, se encontró gestionando la más larga de Primera. En el debe: despidió en falso a un jugador con el que no sintonizaba (lo de Luisinho venía ya del duelo contra el Atlético en abril) y no ha logrado mantener enchufado al extenso grupo de secundarios. En el haber: sus fijos han respondido. Es el único equipo de Primera en el que cinco jugadores han participado en todos los partidos y ha conseguido que este elenco protagonista se ciña al guion que impone en cada duelo.

4. Talento aprovechado

A esos hombres con los que va a muerte ha sabido sacarles el jugo. Varios tenían un gran pasado reciente -Sidnei ya había brillado en el Dépor y Mosquera en el Elche; Bergantiños nunca ha dejado de cumplir-, pero otros como Arribas o Luis Alberto se reactivaron en A Coruña tras sus fallidas aventuras andaluzas. Navarro ha rejuvenecido en Riazor y Juanfran ya no es un sospechoso habitual para la grada. Entre todos, el gran beneficiado ha sido Lucas, al que el míster concedió desde el principio el puesto de punta en un sistema que parece hecho a su medida.

5. Propuesta de juego

El 7 ha pasado de brillar en el destierro, héroe de tapadillo en el PAOK, a hacerlo en casa y convertirse en serio candidato a la selección. Se ha visto beneficiado por una propuesta en la que exprimir su sagacidad y entrega. El Dépor de Víctor no tiene problemas en conceder pelota y espacios al adversario para aprovechar los metros de césped sin dueño en veloces transiciones hacia el marco rival. La pelota no se marea en largos trayectos sobre el pasto; viaja veloz de Lux o Sidnei hasta Lucas, que incordia a la zaga rival hasta obtener ese metro de ventaja. Todo el equipo se entrega además a una presión ordenada que facilita recuperaciones en zonas de riesgo.

6. Preparación de partidos

Esa es la fórmula habitual, pero el técnico madrileño ha demostrado cintura, adaptándola al tipo de adversario. Ya a la sombra de Michel había destacado por sus minuciosos análisis del oponente y con ellos machaca al plantel en largas sesiones de vídeo. El trabajo previo tuvo premio gordo en el Camp Nou, con una estrategia que se le atragantó al líder del campeonato, obligándole a ceder sus primeros puntos de la temporada en casa.

7. Trabajo en equipo

También en aquella presentación ante la prensa dejó ver su intención de estar bien rodeado -«Tal y como se ha especializado el fútbol hoy en día, hay que tener un equipo de trabajo de confianza y en el que delegar responsabilidad»-. Con él desembarcaron un auxiliar y un preparador físico, y con la permanencia como aval se trajo también a un especialista en vídeo. La multitud recién llegada ha limitado el trabajo de algunos veteranos.

8. Falta de reflejos

Anticipar al adversario es posible, pero prever infortunios en la sala de análisis es cosa de brujería. A Víctor le ha faltado capacidad para sobreponerse cuando los encuentros se le han puesto cuesta arriba, su intervención sobre el equipo ha sido escasa en pleno duelo. Los cambios han llegado tarde varias veces; en otras, ni siquiera se han producido.

9. Conexión con la grada

Del primer día de Víctor frente a los micros quedan también continuas referencias a su coruñesismo (perpetuado en su hijo) y a la necesaria comunión entre el césped y la grada. «Estoy deseando volver a vivir ese ambiente en Riazor que llevo grabado a fuego», proclamó entonces. Por ahora, esa conexión con la hinchada parece restablecida. Lo demostró varias veces la afición blanquiazul durante el último choque en casa. El domingo, frente al Valencia, respondió al último llamamiento del míster y no cesó en su aliento al equipo durante todo el partido.

10. Blindado contra todo

Lo que no se llegó a adivinar a la primera fue el futuro de la relación entre Víctor y el entorno. La sintonía con la grada no se ha propagado a Abegondo, donde el técnico se ha blindado contra todos. Parapetado tras una lona, elude la mirada de hinchas, prensa y presuntos espías. Medios de comunicación a los que se ha empeñado en distanciar con vallas y respuestas vacías. El plantel lo ha escuchado varias veces: los periodistas son el enemigo. Durante 17 meses más, todo será alto secreto frente a los micros.