Aprieta tanto la necesidad que, pese a la insistencia de Gaizka Garitano en un once que cinco días antes prometía una mejora, lo de menos es que al Dépor no le sobren méritos para ganar en Granada o que siga un tanto huérfano de fútbol. Lo importante, lo fundamental, para un grupo escaso de confianza es ganar, algo que ayer, en el Nuevo los Cármenes, no se produjo por el gravísimo e inexplicable error de un auxiliar. Equivocarse en un fuera de juego a la salida de un saque de esquina solo está a la altura de alguien que no estaba atento a su trabajo. De haber dado validez al tanto de Babel, con solo un cuarto de hora de por delante y un Granada roto, al conjunto coruñés difícilmente se le hubieran escapado los tres puntos. Así que merecimientos y juego al margen, lo justo sería que el Dépor hubiera regresado con una victoria de alivio, con tres puntos fundamentales para acometer el nuevo parón de la Liga con cierta tranquilidad.
Hace bien Garitano en resaltar lo que vio todo el mundo, en protestar y llevar el discurso por el lado más evidente, por el garrafal error arbitral que privó a su equipo de la victoria, pero no debiera olvidar que al Dépor le sigue costando dar un par de pases seguidos y cuando lo hace es lento y previsible, o que es incapaz de hacer una correcta lectura de un partido que mediada la segunda parte tenía de cara, con un gol a favor y un rival desquiciado. Valga el arbitraje como justo consuelo y bienvenido sea el gol que premia la porfía de Andone, aunque ni lo uno ni lo otro hayan servido como remedio contra el tedio.