Razones para creer

José M. Fernández PUNTO Y COMA

TORRE DE MARATHÓN

12 mar 2017 . Actualizado a las 14:41 h.

Parar la caída, invertir la tendencia. Puede -seguro- que el juego del Dépor no haya alcanzado el nivel mínimo de vistosidad que se le debe exigir, ni siquiera el que, con desigual fortuna, exhibió con Gaizka Garitano, pero tres jornadas con Pepe Mel lo han devuelto a la vida, a creer que no siempre el infortunio se va a cruzar en forma de gol o de una cuestionable decisión arbitral en los últimos instantes. Cinco puntos sobre nueve, un gran botín cuando lo que se busca es reactivarse de nuevo o cuando en las ocho anteriores solo se habían sumado cuatro.

El Dépor ha vuelto, ha sido competitivo durante 270 minutos consecutivos, ha puesto contra las cuerdas con un gran despliegue físico al Atlético de Madrid, ha sabido manejar el resultado en Gijón y ha sido capaz de reaccionar a un tanto en contra frente al Betis. Tres virtudes en un grupo con lagunas de concentración, problemas para controlar el ritmo del juego e incapaz de cerrar un partidos que dominaba durante una hora. Así que al menos por el momento, el desembarco de Pepe Mel en el banquillo de Riazor ha sido altamente provechoso, para el equipo y para un entorno peligrosamente instalado en el pesimismo. ¿Suficiente como para poner en apuros al líder de la Liga, a un rival espoleado por una remontada quizá mucho más emotiva y espectacular que brillante? El Barcelona ha ganado en sus cinco últimas visitas a Riazor, en las que ha marcado 24 goles y ha encajado 5. Esa es la realidad, el abismo que separa a uno y otro. Así que por encima de la obligatoriedad de sumar está la necesidad de seguir compitiendo, de lavar una imagen emponzoñada por el sonrojante 0-8 de la temporada pasada, de cargarse de razones para encarar el derbi en condiciones.