Expósito, Bakkali y unas piñas

Dépor y Oviedo empatan a cero en un partido donde lo único destacable fue la expulsión de Mel y Andone

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Así tumbada mide casi siete metros y medio, y levanta otros dos cuarenta del suelo. Las dimensiones no varían en A Malata, Pasarón, A Lomba o el Tartiere. Tampoco es difícil identificarla: tres palos blancos y una red. En Oviedo estaba ahí plantada, sobre la misma línea de siempre, pero el Deportivo no le hizo ni caso. Al principio se estableció un extraño cortejo. Los de Mel parecían aproximarse dando rodeos, pero acababan por descubrirse siempre lejos, incapaces de acercarle siquiera el cuero que tanto movían. Nadie rompía líneas, ni por fuera ni por dentro. A veces amagaban con que sí: Çolak estaba a punto de filtrar un pase; o Valle (o Cartabia) de culminar alguna diagonal con un disparo; o Andone de ganar una carrera a espaldas de Verdés. Pero nada de eso sucedía al fin, la pelota cambiaba de dueño por cualquier error y era entonces el Oviedo el que la paseaba de banda a banda, falto también de profundidad.

Tanto meneo horizontal aburrió enseguida a los pocos que se habían acercado hasta el estadio carbayón, así que sobre el césped se desarrolló un nuevo espectáculo. La falta de tensión propia de una cita de precampaña se esfumó en cuanto Andone y Verdés chocaron por primera vez. El árbitro quiso cortar la tensión con una charla, pero ni el zaguero local ni el punta visitante estaban dispuestos a acabar así. Al reparto de empujones y codazos se fueron sumando varios compañeros de uno y otro, empobreciendo aún más el juego. Finalmente, Mel retiró al punta, único disponible en vísperas del Teresa Herrera, pero el rumano trasladó sus cuitas al banquillo y de allí fue expulsado por el trencilla. El míster, solidario, se hizo expulsar también.

Pases de seguridad

Apenas sucedió más dentro o fuera del césped. Si acaso, una nueva demostración de las condiciones de Edu Expósito, que no desentona entre gente de mayor caché. Recupera muchos balones y pierde pocos, aunque sea a fuerza de no arriesgar. Nada que reprocharle al fabrilista por el abuso en el pase de seguridad, eran otros los llamados a superar líneas y pasaron el duelo escondidos, esperando a que les llegara el relevo. Entre esos que ingresaron desde el banquillo se encontró por fin un agitador. Bakkali quiso y pudo, a fuerza de regates, arrimarse a la portería rival. No hizo gol el belga porque Juan Carlos anduvo fino en la estirada, pero probó. Algo novedoso entre tanta mediocridad.

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