
El hecho de que el Deportivo empatase tan rápido después de haberse puesto por detrás en el marcador fue un punto de inflexión que condujo hasta una remontada muy celebrada. Hasta ese momento el Málaga había sido superior en Riazor.
En cuanto al juego hubo dos partes diferenciadas. La primera, que duró 20 minutos, con un Málaga que vino a hacer lo que hizo en las seis últimas jornadas: un equipo controlador, absolutamente superior al rival. Pero a partir del penalti el partido fue otro. A pesar del gol de Ontiveros -mal defendido por el Deportivo-, el equipo ya se había crecido.
Las decisiones tácticas por parte del Málaga también ayudaron. Se echaron atrás, quisieron controlar desde ahí y pagaron caro el error. Esto, unido a un Dépor que se volcó totalmente en busca de la victoria, llevado también en volandas por los 24.000 aficionados que ayer se dieron cita en Riazor. No solo consiguieron darle la vuelta al marcador, sino que la ventaja nos hace ser optimistas, cuanto menos, para el partido de vuelta en La Rosaleda.
Sería injusto destacar a un jugador por encima de otro porque el equipo ha estado a una altura enorme. Ha sido el mejor partido de la temporada con diferencia. Hemos vuelto a ver al Deportivo que ansiábamos ver.