Última llamada en Ponferrada para seguir creyendo

TORRE DE MARATHÓN

CESAR QUIAN

El Deportivo, que no contará con Aketxe y Longo en Ponferrada por decisión técnica, debe volver a ganar cuatro meses después y evitar el naufragio ante un rival directo por la permanencia

13 dic 2019 . Actualizado a las 21:04 h.

Ganar, ganar, ganar y volver a ganar. Puede que el mensaje aburra hasta la arcada, pero cada hoja arrancada del calendario lo hace más cierto. Ese es el drama del Deportivo. Su bucle perverso. Famélico de triunfos que le den moral, famélico de moral que le ayude a conseguir triunfos. En esa realidad patalea, como la mosca en la telaraña. Un escenario del que Luis César se ve obligado a dar cuenta antes de cada partido para recordar lo obvio: o se suma de tres, o los problemas crecerán aún más.

Este sábado (18 horas, Vamos) el rival es la Ponferradina, un equipo que acumula cinco jornadas sin ganar, pero que solo ha salido derrotado en una ocasión de su estadio. Una crisis que da la risa al lado de la del Deportivo, que corre el riesgo de dar una estocada más a la fe, ya en ruinas, de su hinchada si regala puntos a uno de esos rivales a los que debería aspirar a superar en la clasificación.

Porque tras dieciocho jornadas sin ganar, los peores registros de cualquier liga decente del continente, un empate es un puro trampantojo. Todo el deportivismo hace cuentas, es inevitable, más por rebuscar esperanza que por sacar conclusiones. Porque conclusión solo hay una. Ganar. Y nada más.

El bus del equipo esperaba este viernes en Abegondo a que el Deportivo saliese de la ducha y a que Luis César finalizase su comparecencia ante la prensa para enfilar la A-6. Un bus en el que no se subieron ni Aketxe —que tras su decepcionante actuación ante el Zaragoza no podrá redimirse en el Toralín—, ni un Longo que no está y que se le empieza a no esperar. El equipo se ejercitó en el campo III de la ciudad deportiva, todavía más lejos de la grada y de la prensa, en una sesión breve y sin pistas sobre un once inicial que Luis César reconoció tener ya decidido.

El arousano aguanta estoico ante unas preguntas que evidencian cada vez más el pesimismo que empapa a todo. Ayer, en su rueda de prensa de análisis más breve desde que llegó al Deportivo, se puso el chubasquero y trató de capear el temporal. «Milagro no —dijo sobre las posibilidades de salvarse—, lo que sería muy difícil es luchar por algo que no sea salvarse», explicó antes de aferrarse a las matemáticas, ese clavo ardiendo cuando todo lo demás falla. «Estamos a ocho puntos del objetivo, faltando seis meses no creo que sea una utopía la salvación», reflexionaba reconociendo, eso sí, que la situación es «delicada».

Y tanto. En Ponferrada huelen la sangre. Ríos Reina, lateral izquierdo de la Ponferradina, califica el encuentro de «final» para los locales y Jon Pérez Bolo, recién renovado en el banquillo hasta el 2022, advierte del peligro de que el Deportivo es un «lobo herido». Una constante en las últimas semanas desde las salas de prensa rivales. Una semana después, toca volver a ponderar si el grupo de Luis César tiene más de can o es más heridas.