Un enemigo para el frente común del Deportivo

La negligencia del Fuenlabrada y la Liga ha logrado unir a plantel, club y afición


«No quedaba otra que defender el honor de este club». Claudio Beauvue acudió a la llamada, y eso que la escuchó de lejos. «Más de 5.800 kilómetros para estar con el equipo», escribía en su cuenta de Twitter antes de saltar al campo a dejar al Fuenlabrada sin play off. «Ha sido un montón de tiempo viajando, pero valió la pena. Es nuestra pasión, estamos aquí para disfrutar y jugar este tipo de partidos. El fútbol nos lleva a momentos así», razonaba el de Guadalupe (allá estaba cuando recibió la citación) en la zona mixta que se improvisó a las afueras de Riazor.

«Cogí un avión rápidamente para París, luego a Madrid y desde Madrid hasta A Coruña, en coche», relataba acerca de un periplo que concluyó con visita a la red. Por fin. El ariete, que dejó el Celta en enero, aún no se había estrenado vestido de blanquiazul. Lo hizo durante un choque con mayor trascendencia anímica que clasificatoria. El equipo no tenía opción de abandonar las plazas de descenso de esa tabla trucada por capricho de la organización, pero la hora y media de bolo veraniego sirvió para reagrupar al plantel que llevó al Dépor del desahucio de diciembre a un descenso impugnado con récord de puntuación.

Fueron muy pocos los ausentes en una cita para la que ni siquiera los lesionados o sancionados (Dani Giménez, Somma, Uche, Bóveda...) buscaron excusa y cuyo desarrollo solo potenció la unión de grupo frente a esa adversidad que, por irresponsabilidad y maneras, representa la Liga a través del Fuenla. El choque de guante blanco se torció con las bravatas de vestuario de un clásico lenguaraz como Sandoval, incapaz de contenerse siquiera ante el capitán blanquiazul después de que la entidad que lo tiene a sueldo hubiese propiciado su esperpéntica detención en pleno paseo familiar.

Bergantiños y una frase de Valle

La tensión se desbocó al final, cuando los visitantes vieron que su esfuerzo se perdía de súbito y alguno, como Jeisson, quiso pedir cuentas al ultrajado. Topó con Mollejo en una trifulca a la que se apuntó incluso un juvenil como Juan Rodríguez y en la que terció Bergantiños solo para acabar haciendo un nuevo aparte con el entrenador de los madrileños, a quien dejó claro un lógico desprecio que más tarde pudo hacer extensivo a Jonathan Praena. Pequeñas piezas de un duelo en el que se pasó del tumulto entre rivales a una última piña entre compañeros. Contagio de unión en el vestuario. Segundo virus importado desde Fuenlabrada.

Tanta puesta en escena quedó abreviada en un par de frases de Borja Valle. «Me voy orgulloso. Lo que he vivido tras el partido ha sido de los momentos más emocionantes de mi carrera. Juntarnos las personas que hemos tenido el valor de venir y demostrar ese orgullo y que estamos a muerte con este club, que también está a muerte con nosotros». La flecha del parto del berciano es una cita óptima para la retirada. Él, que no siempre se sintió bien tratado por el Deportivo, recuperó la conexión con la entidad y su entorno por cuenta ajena: «Cuando tocan a los míos, cuando hay una injusticia que se ve por todos lados, me alegro que el fútbol nos haya puesto en nuestro lugar». Y ahí, la clave. El éDÉxustiza propagado por futbolistas, técnicos, directivos e hinchada, haciendo causa común por primera vez en años.

Cientos de deportivistas deseosos de renovar a ciegas, con sentencias todavía por redactarse y una Segunda B, amenaza fundada, que ha visto constantemente removidas su fecha de arranque y su composición. No hay, más allá del capitán, un jugador con futuro garantizado en el plantel. Apenas se registraron ausencias entre los citados para el último esfuerzo en Riazor, pero abundan los cedidos, los contratos en último suspiro y los cachés demasiado altos en caso de que el descenso se llegue a consumar. Los litigios abiertos fuerzan una demora en la confección del proyecto 2020-2021 que puede resultar fatal. El bronce de la tercera categoría mermaría el valor económico de un club en situación ya apurada. Y por si fuera poco, la batalla ha generado una incomprensible animadversión en medios, equipos y aficiones ajenas. Y sin embargo, o precisamente por eso, el Dépor vuelve a latir.

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