El golpe de timón de Antonio Hidalgo se alió con la remodelación forzosa para componer un Dépor que generó sin definir y sufrió lo indecible atrás
13 oct 2025 . Actualizado a las 11:34 h.Hay pequeñas grietas en el dormitorio que acaban en redistribución completa del hogar. Puestos a meter en casa al escayolista y al pintor, no es mal momento para alicatar baños, tirar tabiques y darle otro aire al salón. A Antonio Hidalgo le supo a poco tener que retocar cada carril y se envalentonó hasta darle la vuelta a aquella frase de Toshack, que a golpe de lunes quería cambiar a diez y el sábado ya estaba convencido de insistir con «los mismos cabrones de siempre».
El galés estableció hace 29 años la mejor marca de partidos invicto en un arranque de campaña del Dépor (17 seguidos sin caer). El récord cumplirá los treinta en vigor porque ya no quedan equipos que no conozcan la derrota en el fútbol profesional español. El último en sufrirla ha sido el conjunto coruñés, exhibiendo en La Rosaleda las lagunas de su plan B.
Hidalgo, que el lunes solo sabía de la baja de Ximo Navarro, llegó al sábado conociendo la de Giacomo Quagliata, y al par de retoques forzosos le añadió dos más. José Gragera festejó su alta con una inesperada titularidad y Zakaria Eddahchouri tuvo por fin la ocasión que pedía tanto gol. El centrocampista fue culpable de contagiar a la medular la sorprendente incontinencia de la zaga blanquiazul. Baste como prueba la imagen del 3-0 y el inocente abrazo a Rafa Rodríguez, que solo adelantó al extremo local parte del aluvión de cariño que recibiría por su gol.
Metros más atrás, el traslado de Miguel Loureiro tuvo el doble efecto de permeabilizar el eje de la zaga y el lateral. No casan todavía Dani Barcia y Arnau Comas, mientras que el defensa de A Silva pareció un novato en el costado; donde, sin embargo, ha pasado casi toda su carrera.
En la otra orilla también sobraba experiencia como para no desaprovechar la oportunidad. Pero Sergio Escudero, otro que llegaba a la cita recién restablecido, fue un competidor ejemplar: negándose a sacar ventaja de las molestias de cadera de Quagliata, reforzó la figura del italiano con un mal despeje en el 1-0 y varias tomas de decisión erróneas hasta que, antes de la hora de encuentro, el entrenador lo reemplazó.
Tampoco la tercera vía fue solución para ese flanco izquierdo, donde es cierto que Rubén López ya se había probado durante su reciente cesión al Barcelona Atlètic. Al silledense le tocó saltar al campo justo después de que la magia del VAR convirtiera en falta la carrera sin alzar los brazos de Zakaria, abortando de raíz la rebelión del Deportivo y saboteando la redención del neerlandés. Diez minutos más tarde (aún a tiempo de gesta), Stoichkov se lio en un cara a cara, restando todavía más puntos del casillero del plan B. A Hidalgo se le fue la mano en la reforma, perdido a mitad de camino hacia el récord del sabio galés.