«Auba es una pasada; con esa edad»

TORRE DE MARATHÓN

Pierre-Emerick Aubameyang, durante el partido entre el Deportivo y el Málaga en La Rosaleda
Pierre-Emerick Aubameyang, durante el partido entre el Deportivo y el Málaga en La Rosaleda AFP7 vía Europa Press | EUROPAPRESS

Loureiro resume el sentir generalizado en el Dépor: el gabonés sigue siendo un chaval que pelea cada balón y tiene el talento para resultar diferencial en la élite

25 ago 2026 . Actualizado a las 01:01 h.

Rula en redes un vídeo de Aubameyang en una pachanga con niños en las pistas de La Solana, que no dejan de ser el patio de casa para quien aparca su coche a la entrada del Finisterre. Recorre el campo, tira una pared y asiste al final, sin hacer una sola concesión a los críos que le van saliendo al paso. Como si estuviera en La Rosaleda, jugando al fútbol de verdad.

Cuando abrió el mercado, las probabilidades de verlo enrolado en el Dépor no parecían mucho mayores que las de encontrarlo, en plan anuncio de estrellas, alegrándole el día a unos chavales en cualquier parque de la ciudad. Sonaron Fede Viñas o Morata y acabó llegando el gabonés; de inmediato bajo sospecha por cuestión de edad. 37 años y una temporada en Arabia conjugan en un perfil habitual de las figuras en retirada. De momento, no hay señal de que Pierre-Emerick haya levantado el pie. El impacto ha sido tan grande que ha descolocado incluso al vestuario blanquiazul. Lo reconocía Miguel Loureiro, a quien se le está poniendo cara de viceportavoz. Si el ambiente está enrarecido y Diego Villares no ha tenido el día, comparece él. «La implicación con la que ha venido nos ha sorprendido muchísimo a todos», admitía el de A Silva tras el empate de Málaga. Se desenvuelven en el extremo contrario del campo, pero durante el encuentro no tardaron en coincidir.

A los cuatro minutos, Aubameyang cambió un área por otra para recuperar el cuero antes de que Dani Lorenzo pudiera armar la pierna y chutar. En el 21, marcó. El segundo gol del Deportivo tras el regreso a la élite. Segundo también en su cuenta particular. Salvó la salida de Alfonso Herrero con un toque de exterior y empujó a la red la pelota filtrada por Luismi Cruz en una de las escasas ocasiones en las que la fórmula de Antonio Hidalgo permitió encontrarse a los futbolistas de mayor talento dentro del once coruñés.

Sacó de puerta Leo Román y Loureiro y Ximo Navarro sirvieron de cebo en los costados para estirar la línea de presión malagueña. Por dentro intervinieron Mario Soriano y Lorenzo Amatucci sin ganar metros hasta que el italiano observó el desmarque de Luismi, que bajaba a que le dieran bola en la medular. No había recibido el 19 y ya estaba dejando atrás con el cuerpo a Merino y Joaquín Muñoz, quien lo persiguió mientras conducía lo justo para dar tiempo a que Auba encontrase la espalda del central.

Se coló el ariete entre Rafa Garrido y Einar Galilea y corrió al espacio libre, como en la primera jornada, frente al Elche, cuando Amatucci le puso aquel fantástico centro diagonal. Esta vez no necesitó de un gran control: apenas ese toque evitando al portero, y a festejar. Con la voltereta de quien se divierte jugando en cualquier parte. «Es una pasada. Una suerte contar con alguien de su nivel. Es un ejemplo y está muy enchufado con el equipo, no podría ser de otra manera. Con esa edad es un profesional enorme que está dando un rendimiento espectacular. Es un jugador diferencial, no lo vamos a descubrir ahora», reflexionaba Loureiro al concluir. «Es un jugador de talla mundial, de otro nivel, es una bendición tenerlo con nosotros por lo que nos da con balón y sin él», apuntillaba más tarde Hidalgo. Sin pelota suma incluso en el terreno gestual: no hay envío que no agradezca, aunque le exija correr de más.

En La Rosaleda se fabricó ocasiones para volver a anotar: en un lanzamiento largo de Ximo que voleó arrancando césped y en un saque de banda en el que chutó sin ángulo. Remates de éxito improbable, como lo de lograr su fichaje; pero con esa calidad, a los 37, no hay ningún gol que no se haya marcado ya.