«Tratar a los enfermos de sida fue bonito y triste»

E. VÁZQUEZ PITA VIGO

VIGO

M. MORALEJO

María Jesús Iglesias, enfermera premiada por Érguete La asociación Érguete entregará este viernes uno de sus premios de Solidaridad a la enfermera viguesa María Jesús Iglesias por su compromiso con los pacientes de sida desde que el hospital Xeral-Cíes trató el primer caso en 1985. Se involucró tanto que sucumbió al estrés. La asistente se volcó durante 13 años en atender a un millar de víctimas del VIH que pasaban por la sexta planta. También visitaba a los presos toxicómanos. Ahora trabaja en Orientación Familiar.

23 may 2000 . Actualizado a las 07:00 h.

María Jesús Iglesias se encuentra en su casa de baja, después de que uno de sus cuatro hijos sufriese un grave accidente de circulación en Tenerife. Este viernes, la asociación de ayuda a toxicómanos Érguete le concederá el premio Solidaridad al compromiso personal. _¿Cuándo empezó su lucha contra el sida? _Una noche de 1985, cuando se registró el primer caso en el Xeral. Aquello fue una bomba pero era difícil encontrar un médico solidario que me ayudase. Algunos de urgencias me ayudaban a extender recetas. Pedí una única consulta para estos enfermos y pronto dedicamos toda la sexta planta. Luego se involucraron los doctores Carmen Varela, que vino de Santiago a dar los primeros tratamientos, y Manuel Camba. Aquello te empujaba a seguir, a hacer horas extras y pronto le tomé cariño a los pacientes. _¿Cómo pasó esa época? _Trabajé intensamente con los doctores Ardiz, Miralles y Ocampo. Eran mañanas incansables, íbamos a congresos o manteníamos reuniones para aprender a empatizar con los pacientes. Por las tardes, iba con la Cruz Roja y las madres de Érguete a hacer labor de equipo en la cárcel, donde repartíamos jeringuillas desechables para evitar el contagio. También había equipos de Imán, Cedro, Alborada o Proyecto Hombre. Las madres de los enfermos también les llevaban la merienda o los sacaban a pasear para que tuvieran una visión positiva. Fue una etapa bonita y triste, que daba para escribir un libro. Hay que amar esta profesión. _Usted trataba en los inicios con enfermos terminales, condenados a muerte. _Algunos venían desesperados. Tenían un futuro muy corto. Hoy ha cambiado la situación porque se avanzó mucho en el tratamiento combinado con fármacos. Ahora se lucha contra el sida como una enfermedad crónica. En aquella época impartíamos charlas y daba pena que los presos viniesen esposados al hospital. Les ofrecíamos pitillos y cervezas sin alcohol. No estaba bien pero soy impulsiva.