La ciudad se «traga» sus residuos

ALBERTO MAGRO VIGO

VIGO

CAPOTILLO

Aunque el mapa medioambiental ha mejorado, persisten los problemas con el ruido, la polución y los vertidos a la ría y los montes Las ciudades son desde hace siglos el medio natural del ser humano. El humo, el ruido, los vertidos y la basura forman parte de la esencia de las urbes. En Vigo, estos rasgos de «humanidad» se elevan a la enésima potencia. Las características industriales del núcleo más poblado de Galicia y el Eixo Atlántico provocan que la calidad de vida de los habitantes se resienta. Por ello, los colectivos ecologistas de la ciudad han analizado para los lectores de La Voz los principales puntos negros. Entre ellos destacan los problemas de la ría y el Lagares, y el ruido y la polución derivados del caótico tráfico de la urbe.

27 oct 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

Los ciudadanos de Vigo consumen cada día un jugoso plato combinado de naturaleza urbana. Los entremeses los pone el ruido, que a primera hora de la mañana saca de la cama a los vigueses que residen en los aledaños de Urzaiz, Sanjurjo Badía, Pi y Margall, Gran Vía o la avenida de Beiramar. El estruendo originado por los miles de coches y camiones que circulan por las saturadas vías de la ciudad sirve de carta de presentación para otro de los grandes problemas: la contaminación atmosférica. A la polución contribuyen las esencias de urbanidad que emanan de los contenedores de recogida selectiva de basura, que sufren un estado de abandono agravado por la falta de concienciación de parte de la ciudadanía, que opta por acumular restos domésticos en las calles desde primera hora de la mañana, según denuncian desde las agrupaciones de defensa del medio ambiente. Este menú tan poco saludable se torna nocivo ante la falta de vegetales en la dieta. La escasez de parques y jardines en las zonas más castigadas por la polución deja a Vigo sin pulmones. Desde Amigos de la Tierra, Antón Lois, subraya la necesidad de espacios abiertos en el centro: «Es cierto que tenemos el Castro, la zona de Castrelos y el parque de Bouza. El problema más grave, sin embargo, se da en otros lugares. Por ejemplo, desde el Casco Vello a Teis, pasando por calles como Gran Vía, no hay ni una zona verde. Pero claro, es muy complicado sacrificar suelo edificable...». El segundo plato de la dieta urbana de Vigo es si cabe más tóxico. La ría y los vertidos se han convertido en una de las mayores fuentes de quebraderos de cabeza para los responsables municipales. Ni la inversión en la depuradora -que ha logrado mejorar la calidad de las aguas- ni los planes de limpieza de la costa y el Lagares evitan los vertidos descontrolados. Desde el colectivo ERVA, Alberto Gil describe el mapa de contaminación de la ría: «En Guixar y en Bouzas la contaminación del mar con productos químicos y con los colecto es un problema diario». Anton Lois resalta otros puntos de maltrato a la ría viguesa: «Todos los colectores tienen pérdidas. Por ejemplo, en Alcabre, donde está uno de los mayores aliviaderos de Vigo, cada vez que llueve surge una marea de contaminación. Con el río Lagares, más de lo mismo: se ha mejorado, sí, pero áun queda mucho por hacer. Hace falta responsabilidad». Y de postre, dioxinas y cenizas. Según Amigos de la Tierra, en los aledaños de la planta incineradora de Matamá se acumulan miles de toneladas de cenizas. «Cuando cerraron, taparon las cenizas con tierra. Pero eso no vale, máxime cuando la legislación considera estos restos, que contienen dioxinas y furano, como residuos tóxicos peligrosos».