Un dulce desfile cargado de magia

REDACCIÓN VIGO

VIGO

Miles de vigueses salieron a la calle, desde Teis a la Porta do Sol, para saludar a su paso a los Reyes Magos

05 ene 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

Se cumplieron las previsiones. Un año más, los Reyes Magos no faltaron a su cita con los niños vigueses. El nuevo recorrido, desde Teis a la Porta do Sol en línea recta, resultó ser todo un éxito. Desde horas antes del comienzo del desfile, miles de personas se agolparon a ambos lados de las aceras y se repitieron las escenas típicas de la tarde mágica, que comenzó en el Barrio de las Flores con la recepción en el Palco Real, donde el alcalde de Vigo volvió a demostrar que el cargo está por encima de las creencias personales. Al igual que sin ser católico practicante preside la Procesión del Cristo, y sin comulgar con el PP recibe encantado a Fraga, pese a ser más republicano que monárquico, da la bienvenida a Melchor, Gaspar y Baltasar en nombre de la ciudad. Las tres niñas ganadoras del concurso O Vigo do novo milenio fueron las primeras en dirigir a Sus Majestades peticiones de paz, solidaridad y armonía para que la ciudad sea más humana. Lois Pérez Castrillo saludó a los monarcas y tras las palabras de buenaventuranza de Melchor, comenzó la cabalgata. Los caballos de los pajes y la carroza de la Estrella de Oriente iba abriendo el camino. Tras ella, una inmensa fila de colorido con coches antiguos y seiscientos, vistosas carrozas de las casas comerciales, motos, coches antiguos, rondallas, majorettes, payasos, quads, coches de bomberos, ambulancias, etc. Casi cerrando el desfile se situaban la carroza del rey de barba blanca, decorada con animales fantásticos. Gaspar, con una pose muy deportiva, le seguía desde su púlpito marino y Baltasar, en sintonía con los vecinos, saludaba desde su trono egipcio. Una gran tirada de fuegos artificiales contribuyó a subir los índices de contaminación acústica en la fiesta de imagen y sonido. En su trayectoria, repartieron más de cuatro toneladas de caramelos y una vez más, los servicios de seguridad tuvieron que estar muy atentos ante las avalanchas de críos, ajenos a los vehículos, entusiasmados y dispuestos a dejarse aplastar por un puñado de dulces. La ilusión en los ojos de los más pequeños fue la estampa más repetida de la mágica noche de ilusión.