OPINIÓN | O |
08 abr 2003 . Actualizado a las 07:00 h.CUARENTA Y TRES años después de la iniciativa de Luis Cubelas Queimadelos, la Fiesta de la Lamprea de Arbo recupera su espíritu culto, algo que en realidad nunca llegó a perder. De ello se encargaron sus vecinos que, a lo largo de la historia, han sabido aprovechar los recursos. Documentos de la época demuestran que el festejo no nació, como tanto otros, al amparo de estómagos agradecidos. Muy al contrario, constatan que «ésta no es una comilona de lamprea bien regada con el exquisito albariño de la comarca ¡No! esta fiesta significa que Arbo tiene espíritu, pero un espíritu elevado y culto». Pruebas no han faltado. En la celebración se dieron cita en su día José Filgueira Valverde, Alfonso Vázquez Martínez, Álvaro Cunqueiro, José María Castroviejo, Isidoro Millán, José María Álvarez Blázquez, Celso Emilio Ferreiro. En esta misma línea se enmarcó la decisión posterior de encargar el cartel anunciador a un prestigioso artista, Fernando Mayoral. El origen del éxito de la lamprea de Arbo fue explicado sin rodeos por el profesor Alfonso Vázquez: «el renombre se ha conseguido por la misma calidad del producto y no por reclamo comercial». A su afianzamiento no han sido ajenos los exquisitos vinos de tierras de O Condado, unidos desde siempre a la lamprea, a la fiesta y a la forma de vida de sus gentes, siempre acogedoras. Pueblo pródigo en personajes singulares, algunos como Ruchi, Carpaza o Peseta, han pasado a la historia. Otros, de desaparición reciente, aún perviven en la memoria colectiva, entre el Miño, las viñas, los pescos, el tren, la plaza. Ellos todavía estarán presentes en esta fiesta.