«En mi disco le canto a la vida»

La Voz M.Á.R. | VIGO

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CAPOTILLO

23 abr 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

Javier es periodista, es escritor, conversador visceral y pausado y ahora... cantautor. Su primer disco promete. Como su título: Uno más uno no son dos , pero escrito con números y signos matemáticos, como una ecuación donde la incógnita ya ha sido despejada hace... ¿años? Hoy se presenta, a las ocho de la tarde, en El Corte Inglés, con padrino de lujo, su amigo Víctor Moro. -¿A qué le canta Javier? -A la vida, hemos dejado de escucharla y tiene cosas muy interesantes. Hablo de sentimientos, y de la falta de sentimientos. Le doy las gracias a la vida porque me ha vuelto a escuchar tras mucho tiempo de retirarme la palabra. Le canto al amor pero como algo didáctico. Deberíamos aprender a amarnos. -Lo del título del disco... -Responde a la historia de un divorcio visto desde el punto de vista de un hijo. Cuando uno más uno es igual a dos, las parejas se rompen. Así llega el aburrimiento. Mi teoría es que uno más uno debería seguir siendo siempre uno más uno. -¿Bisbal o Sabina? -Siempre Sabina y siempre Serrat interpretando a Miguel Hernández. -Usted en el Madison Square Garden, su guitarra y George Bush en primera fila. Toca hacer un brindis. ¿Se atreve? -Le cantaría una canción de mi disco que se titula Que hable la vida y que al final termina diciendo: «... ¡y que se calle Bush!». Pero también digo que me gustaría mucho más actuar en un pequeño local con personas que quieran escuchar. -Plaza de toros de Las Ventas. Anzar y señora en el palco de honor. Repetimos brindis... -Les iría como anilo al dedo «uno más uno ya no son dos». -¿Qué le gustaría vivir para luego cantarlo? -Me gustaría mucho entrar en el alma de un islámico y comprender cómo entiende la vida. Sin juzgarla desde el punto de vista occidental. Si eso lo hicieran los que nos dirigen, el mundo iría mejor. -¿Y qué no cantaría jamás aunque lo viva cien veces? -Al amor esteriotipado. El amor es como la lotería primitiva. Le toca a muy pocas personas y muy pocas veces. Nos conformamos con llamar amor a algo que sólo es un sucedáneo. -Póngale un título a Vigo. -«Vigo, ciudad abierta». De una vez por todas merecería llamarse así. La ciudad peca de una cerrazón sociológica grave. Fruto de esa especie de afán de éxito en lo que es aparente y un desprecio al éxito de fondo, al que no se ve... -Debo comprar su disco porque... -Te preguntaría si adoras el tiempo libre, si tienes paciencia para escuchar y su tienes empatía. Si es así, te diría que te lo lleves y que lo disfrutes.