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06 may 2003 . Actualizado a las 07:00 h.LA prensa contó un millón de fieles, pero un diácono rechazó el sistema de cómputo, Pues no incluye los presentes en espíritu. Estimó mil millones de almas descontando homosexuales sin cura. Un ministro abroncó públicamente al alcalde de Madrid Por no segar de cuajo los árboles que impedían contemplar los esplendorosos marines venidos de Iraq, que no saldrán en las estadísticas. Un experto en jardines de Vigo opuso que Pocas flores pisoteadas dio la tele, allí no había concentrada más de una persona. La policía municipal puso la cifra en Sólo cien millones para evitar alarma social, aunque, sin duda, todos computarán en nuestra gratificación por trabajo penoso. Aznar prefirió guardar un prudente silencio: No sea que por fiel más o menos excomulguen a nuestros votantes. Un alcalde de (L)A Coruña afirmó sin rubor: Temí por la vida del Papa cuando unos gallegos gritaron Nunca Máis. Zapatero, joven socialista, clamó que Tras lo del Prestige e Iraq, esta manifestación por la paz es otra crítica al Gobierno de Aznar; su socio de Izquierda Unida calló, enfadado por no haber cámaras. Una becaria coló en la radio que Sara Montiel se estaba bañando en pelotas en la fuente de Cibeles; ello provocó embates en la retaguardia del gentío, pero sólo se trataba de una sin papeles esclavizada sexualmente por su novio; ambos fueron deportados en el acto. La tele oficial no filmó la frustración de la gente, pero un locutor dijo: Fue fervor cristiano lo que animó a los fieles a intentar destruir la estatua de la diosa pagana. Un acto piadoso. Como lo de Sadam Huseim. Claro. No tenemos remedio, Santidad; es mejor que no vuelva. Perdónenos. Aquí le somos así . josemveiga@terra.es