Ebullición en el Concello

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El gobierno vigués celebró ayer su reunión semanal, como cada lunes, pero esa fue la única apariencia de normalidad en la sede municipal

26 may 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

«Menudo ambiente debe haber dentro». Un veterano funcionario municipal hacía a media mañana de ayer este comentario mientras señalaba los despachos de la alcaldía, en la primera planta del Concello vigués. Los resultados de las elecciones del domingo imponen un cambio en la primera magistratura municipal. En cuestión de pocos días el socialista Ventura Pérez Mariño ocupará el despacho en el que desde 1999 ha desempeñado su cometido el nacionalista y ya alcalde en funciones Lois Pérez Castrillo. Entre los funcionarios el relevo en al alcaldía era objeto de comentario desde primera hora. Pese al cambio que se avecina, la mayoría opinaba con cierto distanciamiento y, los que tienen algún trienio, con la experiencia que otorga haber contemplado una situación similar en cada elección celebrada desde 1991. Felicitaciones a distancia Una de las novedades de la jornada fue la celebración de la comisión de gobierno semanal a la una del mediodía, cuatro hora más tarde de lo que es habitual. Castrillo tenía claro que todos iban a trasnochar el 25-M y no convenía imponer un madrugón para una sesión sin asuntos de especial relevancia. A la hora fijada estaban allí los nueve concejales que la integran, alcalde incluido, con el añadido del socialista Uxío González, quien acudió para defender unos expedientes de su departamento. Al entrar, los nacionalistas felicitaron a sus compañeros socialistas, que en breve serán el eje del gobierno. Unos lo hicieron de manera más o menos efusiva pero otros se limitaron a la frase de cortesía desde el otro lado de la mesa. La mayoría del gobierno llevaba ya rato en el Concello. En sus respectivas oficinas, los portavoces de la oposición despachaban también asuntos ordinarios intentando, como en el gobierno, dar una imagen de normalidad. Unos y otros ponían tanto empeño en aparentarlo que la excepcionalidad de la jornada resultaba todavía más patente. Soto, para consolarse, daba por supuesto que le reconoceran grupo propio abandonando el detestado grupo mixto.