Rabieta desmedida

JOSÉ M. PÉREZ BOUZADA

VIGO

OPINIÓN | O |

17 jul 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

HAY QUIEN se cree legitimado para manejar sentimientos colectivos en la búsqueda de objetivos personales. Un ejemplo claro es lo que está ocurriendo con el Celta. Nadie en su sano juicio puede poner en duda el apoyo generalizado que el mayor y mejor representante del deporte vigués despierta en todos los ámbitos de la ciudad. Pero una cosa son los colores y otra los negocios empresariales. Estoy seguro de que el propio gobierno municipal es consciente del coste político que le puede acarrear su postura ante las insaciables pretensiones de la S.A. Deportiva, encabezada por su presidente y mayor accionista. La amenaza es siempre la misma: si no me das lo que quiero o lo que dices no me gusta, te presiono con el celtismo. Para ello se utilizan todo tipo de argumentos zafios que enmascaran otros fines que al final salen al descubierto. La polémica de la Champions supera a la realidad. Hay algo que no encaja. Un empresario no pone en peligro la obtención de los cientos de millones de ingresos que puede generar la competición europea, por no acometer una inversión de veinticinco. El anunciar a bombo y platillo que los aficionados celtistas pueden tener que acudir a Riazor para seguir la previa de su equipo, ni siquiera parece una estrategia sino, más bien, el producto de una rabieta desmedida por no haber podido convencer a las instituciones de la bondad de un proyecto comercial/deportivo, en terrenos públicos recalificados al efecto, y cuando creían tocarlo con la mano. Hay que dejar bien claro que el hecho de no estar de acuerdo con las propuestas de Horacio Gómez, criticar en algunos momentos el mal juego del equipo o pensar que una sociedad anónima, incluso especial como ésta, no puede tener derecho de pernada, no es sinónimo de anticeltismo ni responde a ninguna orquestada conjura antiviguesa. Esto es y será así. Por mucho que se empeñen en decir lo contrario.