CONTRAPUNTO | O |
26 nov 2003 . Actualizado a las 06:00 h.LO NIEGAN y hasta juran esa negativa, pero en el movimiento de ficha que ayer dio Ventura Pérez Mariño se intuye y hasta casi se toca con los dedos el acuerdo tácito, pequeño, naciente, o si prefieren lejano con el que se pretende poner fin a la crisis municipal abierta en el Ayuntamiento de Vigo. Por qué se hace así, por qué no hablar de esa intención de entendimiento claramente. Porque el acuerdo no da pie a asegurar que las conversaciones que ahora se inician entre nacionalistas y socialistas den finalmente como fruto dentro de diez o doce días el mantenimiento en la alcaldía de Pérez Mariño y la entrada en su gobierno del Bloque de nuevo. Pero esa estrategia del silencio sepulcral, pactado en el mismo acuerdo de mínimos que llevó a Salvador Fernández Moreda hasta la presidencia de la Diputación coruñesa, se esconde la estrategia interna del BNG, que además pensar en lo mejor para su futuro electoral hace frente a una creciente división interna. Una disparidad de criterio respecto a la crisis cada vez más palpable en el seno del BNG de Vigo al dirimirse una pugna soterrada entre el nacionalismo anterior a la asamblea del pasado fin de semana y el nacionalismo que pretende asentar sus opciones para luchar por la presidencia de la Xunta en el 2005. Es esa opción la más interesada en lograr un acuerdo, de convencer con él al electorado de que la alternativa al PP es posible y de no caer en la contradicción de presentarse como una formación de izquierdas y entregar en bandeja la alcaldía a la derecha. Por eso en estos días habrá pugnas, peleas dialécticas, desencuentros, pero también el objetivo, suficientemente protegido y tapado, de alcanzar un acuerdo al que a lo mejor al final no se llega, pero será por el peso de las posiciones personales, de orgullos políticos y de ansias no declaradas que no se frenan aunque se coloque a la ciudad al borde del abismo.