A BARLOVENTO | O |
12 dic 2003 . Actualizado a las 06:00 h.NUNCA HABÍAMOS VISTO un tráfico fluido en esta ciudad maldita, un callejeo amable a pie o en 4x4; esa visión limpió para siempre nuestra connivencia pasada. Ese logro, con serias sanciones tras aviso previo y simulacro de multas, puso las pilas a los ciudadanos y en fuera de juego al resto de profesionales de la política; las evidencias no necesitan demostración. Nunca más admitiremos aquello del «tráfico imposible» y los «conductores incivilizados» que nuestros ediles nos hicieron tragar para tapar su grosera incompetencia. Jamás habíamos visto un horizonte urbanístico definido, tan sujeto a la misma ley para todos, como cuando se ordenó el derribo de una perla urbanística ilegal. Hasta los cimientos del adefesio de Toralla retemblaron en su lecho marino. Soñamos, por fin, con un Vigo habitable. Decisiones así encumbraron a Ventura Pérez Mariño como Autoridad Magnífica, título que sólo pueden concederle sus gobernados. Ahí cavó su tumba, también. La amenaza de ruina del Concello vigués por la ejecución de sentencias de derribo de edificios fraudulentos era sólo un farol de villanos, de quienes vieron romperse su modo de vida a costa de la mayoría de vigueses, de la ciudad traicionada. Ventura, presto a someter al cauce de la ley la tramitación de tanto disparate, no pondría al Concello ante su tumba, sino a quienes, amparados en sus puestos municipales, consintieron y aprobaron personalmente decisiones ilegales. El miedo unió a los cobardes, a quienes los apoyan interesadamente. Vimos compadreos, camas redondas entre amantes impensables, intentos salvajes de descerrajar el juego democrático. Todos los pringados y los partidos que los apoyan salieron en la foto; no lo olvidaremos. Sabemos qué cosa hay tras la normalidad y estabilidad que demandaron muchas voces: un Vigo como el de hoy. A ellos les interesa así, sólo a ellos. Por única vez en democracia, creímos que esta maltrecha ciudad llegaría a ser el Gran Vigo que sus ciudadanos merecen. Nos alentó a soñarlo el coraje de Pérez Mariño y de su equipo de gobierno municipal. Gracias por intentarlo seriamente, señor. Repítalo. Señor.