Cuentos Municipales
23 dic 2003 . Actualizado a las 06:00 h.STAN en las inmediaciones de la Alcaldía Martín Códax y su tataranieto Cachamuíña , y ven pasar, casi de madrugada, a los primeros concejales ojerosos camino del despacho de La Esperanza Rubia . - Deben llegar temprano para comprobar que nadie ha intentado usurparles el puesto. Como aquí la cosa es tan cambiante... -observa Martín Códax, el viejo cantor del mar de Vigo, ahora productor cualificado de Citroên. Sorprende a los dos amigos y parientes que en un día tan señalado como el de Nochebuena, los ediles lleguen tan temprano a los puestos de trabajo. Aunque piensan que puede ser por aquello de que «al que madruga Dios le ayuda», tienen algunas dudas al considerar que los peones de la construcción se levantan muy pero que muy temprano y a muchos ricos les dan las diez en la cama. Apenas llevan un cuarto de hora en aquel lugar, y después de que se hayan incorporado todos los ediles populares al café matutino de la Alcaldía, les sorprende una algarabía inusual. ¡Llegan docenas y docenas de funcionarios, procedentes de Queta Hilton, la cafetería! Traen zambombas, pitos, matasuegras -material todo él procedente de los almacenes del Concello, es decir, gratis total- e incorporan al bullicioso conjunto a todo el que encuentran. En un momento son cientos y cientos de personas, y aunque las oficinas quedan vacías -el jolgorio es en pasillos y zonas abiertas-, lo cierto es que no son tantos como funcionarios. Martín Códax y Cachamuíña piensan en aquella diferencia de matiz que nunca les ha parecido justa: hay funcionarios que van por el Concello y otros que no trabajan. Entre el personal que canta y baila, que grita y da vivas a todo cuanto político se pone a tiro, se van mezclando los ediles de todos los colores. La apoteosis llega cuando, todos juntos, patronal y trabajadores, como una especie de redivivo sindicato vertical, bailan una muiñeira. Entre todos solo una excepción. - ¡Pero usted qué baila, buen hombre! -le dice Cachamuíña al que supone que ha perdido el paso. - Yo bailo, naturalmente, la sardana, como Carod Rovira -responde el bailarín que va a su aire. Y cuando lo dice, Cachamuíña reconoce en él a El de la Triste Figura . - ¡Pero usted siempre anda con el pie cambiado, mi querido amigo! -le replica el cobrador de decesos de La Fe. El bailarín díscolo sale por el foro y se reune con El Principito Valiente y O Compañeiro, a los que musita unas palabras al oído. Desaparecen los tres ex-alcaldes y al volver a escena no está claro si son la Santa Compaña o quieren parecer los Reyes Magos. Entre Martín Códax y Cachamuíña hay una larga discusión hasta que concluyen que desean que les confundan con los Reyes Magos. - Mejor hubiera sido que le pidieran a Betero, el jefe de Relaciones Públicas del Concello, la ropa que se usa para la Cabalgata. Parecerían más reyes de Hola o Diez Minutos que con esos harapos enjoyados -comenta Cachamuíña . Siguen a los presuntos Reyes Magos por la casa, y no hay funcionario, ni siquiera personal interino que no los reconozca. En un momento dado, El de la Triste Figura y Martín Códax charlan distendidamente. - Majestad, ¿usted puede decirme por qué y para qué se visten así? - El secreto está en La Esperanza Rubia , en ese inicio deslumbrante de su mandato. Como los Reyes Magos del PP parece que van a venir a Vigo en invierno, en verano... en las cuatro estaciones, con mucha obra pública de regalo, queremos aprovechar la confusión y chupar cámara.