El Concello teme una avalancha de quejas de sus acreedores

VIGO

El bloqueo de los presupuestos impide pagar 7 millones gastados en el anterior mandato Obras como la Casa das Palabras o el Marco siguen pendientes de liquidar

26 jun 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

La no aprobación de los presupuestos del 2004, medida que el gobierno del PP califica de bloqueo, ha colocado de una delicada situación a los responsables del Partido Popular. Entre otras consecuencias, el rechazo de las cuentas impide pagar a los proveedores siete millones de euros. Curiosamente, se trata de cantidades gastadas o comprometidas por los gobiernos anteriores de los que formaban parte PSOE y BNG, justamente los partidos que votaron en contra de los presupuestos. En medios próximos al gobierno vigués se teme una avalancha de demandas judiciales si la situación se mantiene y en las que probablamente obtendría el amparo de los tribunales. Y es que el PP no puede legalmente pagar estas facturas, aunque ha reconocido que fueron gastadas siguiendo órdenes de los anteriores gobiernos, en su mayoría del presidido por Lois Castrillo (BNG). Aunque existen facturas mucho más abultadas, llama especialmente la atención que todavía esté pendiente de pago una minuta de 45.000 euros correspondiente a los polémicos premios Max, que se entregaron en Vigo poco antes de las últimas elecciones municipales. Algunas deudas La constructora Necso está a la espera de cobrar cerca de tres millones de euros por los trabajos realizados en la Casa das Palabras (Verbum) y en el Marco, los dos museos ejecutados en el mandato de Pérez Castrillo. Siguiendo con la lista, a los comuneros de Zamáns se les debe 1,1 millones de euros, 1,3 millones a una lista de empresas que construyeron la zona verde del antiguo cuartel militar de Barreiro, 810.000 euros a Movexvial por obras en el rural, 240.000 euros a la comunidad de montes de Cabral, con la que se había negociado la ocupación de terrenos tanto para la ampliación del recinto ferial de Cotogrande, como para la mejora del aeropuerto de Peinador, y así una dilatada relación de acredores que no saben cuándo cobrarán.