CONTRASTES
05 oct 2004 . Actualizado a las 07:00 h.LLENO. Llenazo absoluto en el teatro del Centro Cultural Caixanova para presenciar la representación de «Tosca», ópera de Puccini que nos venía, tal cual, desde elenco a decorados, de A Coruña, cuyo festival lírico cuenta nada menos que con cincuenta y dos años de existencia. A los asistentes se les facilitó, gratuitamente, un libro, espléndido de contenido literario y gráfico, de la misma procedencia que el espectáculo, para enterarse de autores, argumento de la obra, figuras actuantes y un montón de informaciones y curiosidades más. Es decir, un volumen conservable para los amantes del género. Y tímidamente, como colado de rondón entre las páginas del libro, un tríptico invitando a los vigueses a que se adhieran a la asociación de Amigos de la Opera de Vigo, aquella invención del inolvidable Camilo Veiga, que tantas sesiones gloriosas de ópera nos dio por los años sesenta-setenta, y que gallardamente se empeña en revitalizar -acaso mejor sería decir resucitar- Juan P. Comesaña. Dicen que las comparaciones son odiosas, sobre todo para quien sale perjudicado. Vigo gozó siempre de buena ópera. Tuvimos un teatro Tamberlick, en homenaje al famoso tenor decimonónico, y en el viejo García Barbón recordamos carteles con el rostro de Mario del Mónaco. Si nos ponemos nostálgicos, hasta nos parece que en las bóvedas del coliseo, entre telares y bastidores, aún se escuchan rumores de las actuaciones de Carla Otta, Montserrat Caballé, Gianna d¿Angelo, Angeles Gulín, Alfredo Kraus y un largo etcétera. Recuperemos para Vigo la ópera. «Tosca» fue una delicia, y nos permitió escuchar a Angela Gheorghiu, dicen los expertos que la Callas de hoy. Puccini sonó delicioso en nuestro ámbito. Ese «Adiós a la vida» su aria más famosa, no debe ser sino aviso contrario; anuncio de vitalidad para un género que, si encuentra apoyo, tiene aficionados de sobra para llenar el teatro. Por su futuro, y como en «Traviatta», bebamos a la salud de sun espectáculo bellísimo.